La muerte no es un final

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La muerte no es un final
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El pasado 2 de noviembre se conmemoró el Día de los Fieles Difuntos, una fecha que, en esta época tan convulsa que estamos viviendo, bien vale la pena que nos haga meditar pues cada vez que se aborda el tema de la muerte en nuestra sociedad, se puede llegar al punto en común de que una gran mayoría de personas, por lo menos en el ámbito costarricense, se niega a hablar de este tema por considerarlo tabú y tenerle un miedo extremo. Grave error por supuesto, pues, aunque sea un tema complejo, es muy real, ya que de lo único seguro que se puede estar en esta vida es que, tarde o temprano, todos vamos a morir.

Ahora bien, ¿A qué se debe esta resistencia a hablar de un tema tan cercano a nosotros? Posiblemente porque en Occidente se considera la muerte como una tragedia, como el final de una vida o por el miedo a la separación definitiva de nuestros seres queridos; sin embargo, eludir la muerte no impide que diariamente seamos testigos o conocedores de la muerte de los otros.

Entonces, si la muerte es parte de la vida, y constantemente somos testigos de manera directa o indirecta de ella, sería valioso que las personas hicieran un esfuerzo para conocer las diferentes perspectivas que se tienen de ella en algunas culturas, ello permitiría aceptarla de una manera más natural en nuestras vidas. Por ejemplo, en culturas asiáticas la muerte es considerada como una fuente de vida y un caso muy particular de asumirla como una festividad sucede en México cuando se celebra el Día de Muertos.

Desgraciadamente el miedo a lo desconocido o la dependencia a los demás, son grandes enemigos de esa aceptación tan necesaria ante este natural proceso que representa la muerte, pues de no hacerlo, este acontecimiento puede ser más doloroso y conflictivo ya que si no se hace de una manera normal o racional, puede desencadenar problemas de aceptación.

Por lo tanto, si comenzáramos a aceptarla como un aspecto natural de nuestras existencias, sin tratar de ocultarla bajo “máscaras de juventud eterna”, es cuando, de alguna manera, podemos comenzar a valorar realmente el privilegio de nuestra vida terrenal y, posteriormente, de nuestra vida espiritual.

En definitiva, en la medida que comprendamos que la muerte no es un final, sino un paso a otra forma de vida más plena, sin las restricciones de la materia, no le vamos a temer y, de esta forma, podríamos llegar a comprender el verdadero significado de la vida. Recordemos lo que señalaba el filósofo griego Epicuro: “No temas a la muerte, así no temerás a la vida”.