La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre, con excepción de todos los demás

Con esa famosa frase del ex Primer Ministro Británico Winston Churchill comienzo este comentario. El país no puede renunciar a la democracia ni creer que un régimen autoritario de izquierdas o derechas es lo mejor para Costa Rica.

El país necesita madurar políticamente y volver a descubrir los beneficios de una democracia y dejar atrás los momentos oscuros, que hemos vivido en años recientes, en los que el proceso democrático fue ensombrecido por la descalificación, el insulto y el asesinato de caracteres en un burdo linchamiento, para evitar que la razón se impusiera.

Costa Rica sigue siendo una democracia representativa, afortunadamente, pero la comunicación moderna ha rebasado justamente esa representatividad. El país debe de modernizarse en la elección, en la evaluación y en la revocatoria de mandato de autoridades. Costa Rica debe de marchar de manera más acelerada y segura hacia una escogencia parlamentaria diferente a la elección por lista y cercana a la elección por distritos electorales de personas, a quienes el elector pueda identificar por su nombre y apellido.

Estoy convencido que los procesos de elección de diputados deben de comenzar mucho antes de las elecciones nacionales; en la escogencia de candidatos a nivel de partidos políticos. La escogencia directa en territorio, por nombre y apellido de los candidatos a renovar la mitad de la Asamblea Legislativa.

El Poder Ejecutivo debe tener la facultad de adelantar a medio período la elección general de la Asamblea Legislativa, disolviendo la misma y proponiendo a los electores una elección total de los diputados. La Asamblea Legislativa debería tener la facultad de poder hacer votos de censura vinculantes y remover de esa manera a ministros y presidentes ejecutivos, todo por mayoría calificada. Es fundamental que cualquier costarricense pueda postularse a la diputación con solo cumplir en su circunscripción territorial y con el número de adhesiones necesarias para legitimar sus pretensiones.

Soy un firme creyente que el número de los diputados debe de crecer. Es indispensable para mejorar la representatividad. Muchos se oponen al incremento de diputados por su costo salarial y de potenciales nuevos asesores. Creo que el número de diputados adicionales debería ir acompañado de una reducción idéntica en costo en el número de asesores legislativos.

No es razonable ni lógico pedir más democracia, pero solicitar menos diputados. No es congruente criticar las capacidades y nivel de los diputados cuando los electores los puedan escoger y revocar. Hay que trabajar más en la reforma del parlamento costarricense.

No solamente los electores deben de ser conscientes que no elijen representantes cantonales sino diputados de Costa Rica, sino además de la imperiosa necesidad que sean personas con criterio, con capacidad de legislar y de pensar a nivel nacional.

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