La crisis de la iliquidez

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La crisis de la iliquidez
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Nos anunció el señor Presidente, en la noche previa al 2 de agosto, cuando todo el país estaba en romería, que el Estado está prácticamente quebrado, que toco fondo, que no hay dinero, que la culpa es de los tres gobiernos anteriores y de la actual Asamblea, finalmente, dice que la solución es una reforma fiscal.
Nada más irresponsable, extemporáneo y populista el anuncio de marras; ciertamente gobiernos anteriores tienen su cuota de responsabilidad por no actuar, pero el gobierno del cambio lo prometió e igualmente no hizo nada, éste anuncio bajará el nivel de la inversión y culpar a de recibo; a escasos cuatro meses de que se acabe el tiempo hábil de la presente administración, hace el tardío anuncio, cuando todos sabemos que en meses electorales no es viable una reforma fiscal como el la propone.
Este gobierno en mi criterio ha sido un accidente político, un error de la historia, un gobierno improvisado con funcionarios que no estaban preparados para el cargo, ha sido un gobierno del despilfarro, de la fiesta, de la viajadera, de las pifias, de las corruptelas y del tanteo en general.
La solución ideal es una reforma fiscal integral, progresiva e igualitaria, en donde se equiparen salarios públicos, pluses, pensiones y demás gastos corrientes, asimismo deberá racionalizarse el gasto y mejorar la recaudación, pero eso le corresponderá al gobierno entrante, a este se le acabó el tiempo. No basta con recortes de gastos superfluos y demás, que hay que hacerlos, el sesenta por ciento del presupuesto se invierte en salarios y atención de la deuda pública e intereses, ahora si urge el traslado voluntario y paulatino del sector público al sector privado, siguiendo el modelo Hollande, aprovechando todos nuestros mercados cautivos y banca de desarrollo es el mejor momento para iniciar un país de emprendedores, luego refundir instituciones. Con relación a la deuda lo que procede es renegociarla en cuanto a plazos y forma de pago y buscar una moratoria en relación a los intereses.
Repito, racionalicemos el gasto, mejoremos la recaudación, bajemos los niveles de evasión y contrabando, eliminemos consultorías externas, gastos de publicidad superflua, viajes y demás despilfarros.
El único impuesto que procede ya, es a los altos salarios de algunos empleados públicos y pensiones de lujo, uniformemos con un alto impuesto que aplicaría al presente y al futuro para que nadie alegue derechos adquiridos. Si se quiere se puede, salvemos a Costa Rica de los políticos populistas que quieren lavarse las manos, reactivemos la economía y reduzcamos el tamaño del Estado, a grandes problemas grandes medidas…
HORA DE ACTUAR.

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