Entre filas y enojos

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Entre filas y enojos
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Mucho nos hemos quejado –y con razón, de la necesidad de reactivar la economía del país y de recuperar los espacios que la covid-19 nos arrebató de pronto y sin imaginarlo; como era el auge turístico que venía viviendo el país hasta marzo del año pasado.

Las gremiales lo han pregonado hasta la saciedad, oponiéndose con fiereza a las disposiciones del gobierno que, en múltiples oportunidades, han limitado nuestra movilidad y que aún hoy, restringen las horas en las que podemos circular por nuestras calles y, por ende, el acceso a gran parte del sector de comercio y alimentos a lo largo y ancho del país.

Dentro de toda esta historia llena de bemoles y nudos, el ex Ministro de Turismo fue enfático en que requerimos atraer nuevamente a los visitantes extranjeros, que solían llenar nuestros hoteles y playas y que, de paso, aprendían un poco de lo mucho que tenemos que ofrecer.

Sin embargo, y como de costumbre, las instituciones de gobierno no hablan el mismo idioma y parecieran ponerse zancadillas, como si esto no representara un dolor de cabeza y una pésima publicidad pues es negativa e innecesaria.

Lo digo, porque regresé el viernes pasado al país al final de la tarde. Las filas en Migración eran sencillamente cosa de terror, y peor aún para los extranjeros, pues la suya no sólo salía de la sala principal, sino que unos diez metros más allá, aparecía un rótulo en el que se leía: “a partir de este punto, entre 55 y 165 minutos…”.

Vi adultos mayores, mamás con bebés en brazos y niños pequeños quejándose y correteando, en medio de un calor sofocante que invitaba a salir huyendo en el primer vuelo de regreso al país de origen. Las ventanillas de Migración no estaban funcionando en su totalidad; había algunas cerradas por razones desconocidas y las abiertas, no daban abasto para recibir a nuestros visitantes. La atención al público era pues lenta, a tal nivel, que recordé el título de “banana Republic” con el que nos señalaban años atrás y sentí pena ajena por los cientos de personas que intentaban dar una ojeada a nuestras preciosas playas e imponentes volcanes.

No matemos la gallinita de los huevos de oro, por favor; no retrocedamos hasta ocupar lugares de ineficiencia de los que habíamos salido. Autoridades y oficiales de Turismo y de Migración: si vendemos al mundo una marca “esencial Costa Rica” de eficiencia y sostenibilidad, practiquemos lo que predicamos.

Si queremos atraer al turista, tratémoslo como se merece y abrámosle las puertas como se debe. Tengamos en cuenta que nunca habrá una segunda oportunidad para causar una primera buena impresión y ahorrémosles a los costarricenses el mal rato de una vergüenza ajena…

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