Enriquecer la vida corriente

Hagamos un esfuerzo para enriquecer la vida corriente, la de todos los días. Para ello, podemos hacer una sustitución de palabras: en vez de pesimismo, derrota y desesperanza, podemos optar por optimismo, lucha y perseverancia a fin de mejorar la convivencia, familiar y social.

Así, la democracia, y la vida social y política deben estar asentadas en una convivencia con tono humano y de justicia y equidad. Además, vivimos en un mundo en el cual nos hemos olvidado de virtudes humanas cada vez más importantes, como gratitud, respeto, servicio, comprensión, cooperación.

La ciencia y la tecnología, ciertamente, han traído a nuestra sociedad comodidad, y felicidad, pero también un irrefrenable consumismo. Si no reforzamos el sentido de la vida, que invita a una existencia más humana, podemos caer en el peligro de vaciarnos de nosotros mismos como personas y de vivir de autocomplacencias, no de entregas y generosidad. Por lo tanto, es bueno hacer un alto en el camino y revisar comportamientos.

¿Cuál será el futuro del país? No lo sabemos. Todo dependerá de la lucha y más perseverancia. O sea, de meter cabeza y corazón en los proyectos que emprendamos. Conviene no compartir la fuerza invasora de la deshumanización.

Enderecemos esos caminos inseguros y perniciosos. Prestemos atención a tantos desvíos. Centrémonos en un mayor amor al prójimo, el cumplimiento de las obligaciones, la rectitud moral, y acordémonos de llenar el corazón de nobles experiencias.

No dejemos de luchar ni de realizar un esfuerzo por inspirarnos en un ideal, ya sea humano o sobrenatural. El mundo, a pesar de tanta confusión, pide una siembra de paz y de alegría, que se logra enriqueciendo la vida cotidiana.

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