El valor del tiempo.

Pareciera ser que una de las características de los países pobres, como el nuestro, es que no valoramos el sentido del tiempo; el tiempo es oro decían nuestros abuelos, hoy aquí todo dura cuarenta años, número cabalístico, ruta 27, ampliación a la carretera de Limón, rutas a San Carlos y San Ramón y otras y eso que los viejitos del MOPT hacen una buena labor, a diferencia de los jóvenes de la tristemente famosa UPAD, que lo único que hacen, según parece, es espiar a los costarricenses.

Las políticas públicas, se discuten por décadas, se llega al gobierno y a empezar a diagnosticar de nuevo, la Casa Presidencial es una biblioteca de estudios y análisis y no se hace mayor cosa.

Hace cuanto se habla del oro, Crucitas, que sí, que no, del gas natural y del petróleo, que sí, que no, que todo daña el ambiente. No se hace ni se deja hacer y la oportunidad se va; según  científicos de países adelantados en diez años se acabara el petróleo, surgirá la quinta revolución industrial, vendrán los autos eléctricos masivos, las energías limpias, la robótica, la ingeniería genética y otros.

¿Pensamos vender el petróleo y el gas natural cuando ya no se ocupe? ¿Será que no hay desempleo en nuestro país? ¿O pensamos vender el oro -si no es que se lo roban extranjeros- cuando sea sustituido por metal Tierras Raras, componente básico de las computadoras, vehículos y dispositivos electrónicos?

Una temática que lleva cuarenta años de discutirse como es la Convocatoria a una Constituyente o la aprobación del Sector de Economía Laboral….O desarrollo con empleo, racional y equilibrado o país ecológico, ambientalista, protector del carbono neutral en extremo.

Eso es una segunda o tercera prioridad, que le compete a los países ricos, a los países que contaminaron el mundo, nosotros somos muy pequeños para constituirnos en pulmón del planeta, primera, segunda y tercera prioridad. El empleo debe ser la primera prioridad país, generemos en consecuencia nuevas fuentes de producción, trabajo y riqueza.

El país está urgido de visionarios pensadores, de estadistas y de personas de valor, que comprendan que el tiempo es oro y que tengan voluntad política, que conviertan la teoría en acción y no seguir esperando cuarenta años más para tomar decisiones.

En relación al tema de la UPAD, ojalá no se actué dentro de cuarenta años para aclarar todo lo que deba ser aclarado. Después, para ese entonces,  nos exterminara el coronavirus político o pandémico y habrá muerto la democracia.

Tiempo de actuar, costarricenses, tiempo de actuar.

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