El sufragio mucho más que un privilegio, un deber con la Patria

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El sufragio mucho más que un privilegio, un deber con la Patria
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La democracia de Costa Rica significó históricamente para el país, la mejor carta de presentación ante todo el mundo, característica aunada a los valores, defensa de la vida como el principal derecho humano, respeto a la institución de la familia, garantías sociales, garante de la paz, oportunidades, civismo, trabajo y honestidad.

Todo lo anterior y muchas otras buenas cualidades de la noble sociedad costarricense, se gestaron a través de la autodeterminación del pueblo, mediante el privilegio del sufragio para elegir los gobernantes. En las últimas décadas el desencanto, la perdida de confianza y la desesperanza, se han apoderaso del electorado.

El costarricense, con justa razón, se ha sentido engañado, estafado, manipulado y ofendido, por algunos políticos que en asocio con algunos inescrupulosos empresarios, se encargan de fomentar la cultura de la corrupción; mediante una red de cuido que, se extiende desde las más altas autoridades hacia abajo, en gran perjuicio de la clase media y pobre.

La crisis actual provocada, por las pésimas administraciones de los últimos años, ubican a Costa Rica en el salón de cuidados intensivos; en otras palabras, al borde del colapso, económico, social y democrático.  De tal forma que, la buena imagen, de prestigio y credibilidad, que gozaba Costa Rica dista mucho hoy de la que era.

Costa Rica dista mucho de lo que era, va más allá, incluso al punto de la decepción del costarricense por el privilegio al voto, decepción por impotencia del ciudadano, al creer que todo está carcomido por la corrupción, cual si fuera una enredadera que asfixia a nuestro Estado de Derecho.

Sin embargo, hoy más que nunca, Costa Rica ocupa de cada ciudadano y su voto, ocupa un voto responsable y comprometido, que diga no a la corrupción, un no rotundo a la mediocridad de los candidatos inadecuados, oportunistas y mentirosos, un no rotundo a los antivalores que despedazan la escala de valores del costarricense.

Ni siervos menguados, ni los ratones sumisos, en estas próximas elecciones, tienen cabida en estas próximas elecciones; Costa Rica necesita de una jauría de electores, dispuestos a defender la honestidad, la ética y los valores que, dieron el prestigio y honor que en otrora era el estandarte de Costa Rica.

El desánimo, desgano y la desidia, son inadmisibles, no es posible que, en la crisis actual del país, exista algún compatriota que le de la espalda a la Madre Patria, y no tenga el valor de luchar y colaborar con su voto y su participación directa y comprometida el primer domingo de febrero de 2022, para así elegir gobernantes honestos, transparentes, capaces y de intachable trayectoria al servicio del prójimo.

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