El séptimo día

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El séptimo día
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Este comentario es fundamentalmente para creyentes y para quienes no lo sean.  Partiremos de una referencia espiritual para basarnos en ella y poder encontrar una respuesta a lo que afecta nuestro diario vivir, personal, familiar y social.

“Bendijo Dios el Séptimo Día y lo hizo santo, porque ese día descansó de sus trabajos después de toda esta creación que había hecho.”   Géneis 2,3

El séptimo día es presentado como una invitación a hacer un alto en el camino de las faenas laborales. No es un día específico de la semana, porque el cumplimiento  del horario de trabajo, es distinto en cada ejecución de labores.

La semana de faena contempla, seis días laborales y uno de descanso.  Tan importantes son esos seis días hábiles como el séptimo día de descanso.

En nuestra realidad humana, es toda una enseñanza, una invitación y no sólo necesaria, sino saludable, a que ese séptimo día sea valorado, planeado y disfrutado para asegurar una buena salud integral.

Vivirlo de manera distinta al resto de la semana.  Programar en lo posible, no realizar las labores cotidianas; que no sean indispensables; e incluir actividades que estimulen la participación, la imaginación de quienes, individualmente, en grupos o en familia disfruten de una recreación, que al mismo tiempo, lleve refrescamiento y motive la salud física y mental.

El séptimo día es un obsequio a nuestra realidad humana.  Se debe valorar y analizar si su importancia ha sido dejada a un lado y que ello ha sido la causa de grandes afectaciones, confusiones, impaciencia, agresiones e impotencia de encontrar; con una mente lúcida; soluciones a problemas y situaciones estresantes; con el ya consecuente resultado de caos en toda actividad humana.

Devolverle la importancia a ese séptimo día y que no se vea envuelto en una vorágine de actividad laboral sin descanso; y cuya consecuencia cobra un alto precio en la preciosa vida y realidad humana.

Tal vez parezca este comentario, fuera de la realidad de tantísimos desempleados pero como humanidad, tenemos la certeza de que estos malos momentos pasarán y que de nuevo, estaremos gozando de una nueva y bendecida experiencia.  Es como el augurio de mejores tiempos que vendrán.  Mientras tanto, quienes tenemos pan, con solidaridad compartirlo y así edifiquemos y veamos realizada una nueva recuperación que, libremente, nos permita gozar de la bendición que nos trae, el Séptimo Día.   

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