El muro invisible que nos sostiene: el OIJ y la batalla silenciosa por Costa Rica
En medio de la tormenta de violencia que sacude a Centroamérica y de los vientos cada vez más agresivos del crimen organizado que amenazan nuestras costas, nuestros barrios y nuestra institucionalidad, una pregunta resuena con fuerza estremecedora: ¿qué sería hoy de Costa Rica si no existiera el Organismo de Investigación Judicial?
La respuesta no es retórica ni exagerada. Es un llamado a la memoria, al reconocimiento y a la acción. Sin el OIJ, sin sus agentes —que se están jugando la vida con seriedad y valentía—, nuestro país podría haber caído ya en el abismo que traga naciones cuando el Estado de derecho se debilita y las mafias imponen su ley.
Porque no estamos hablando solo de policías, sino de profesionales con vocación patriótica, con formación rigurosa, con compromiso ético. Son hombres y mujeres que enfrentan al sicariato, al lavado de dinero, al tráfico de armas y drogas, sabiendo que muchas veces la justicia llega tarde, pero aun así no renuncian. ¿Qué empuja a un investigador del OIJ a seguir adelante? Tal vez la misma fibra moral que ha sostenido a Costa Rica durante más de un siglo: el amor profundo por esta tierra, por su gente, por su paz.
Desde mi experiencia como integrante de los primeros agentes nombrados por Corte Plena y ex director general del OIJ, puedo afirmar con certeza que el liderazgo de personas como Randall Zúñiga y Michael Soto ha sido crucial para contener una amenaza que crece en las sombras. No exagero al decir que, sin la acción del OIJ, Costa Rica hoy podría estar al borde de convertirse en un fallido narcoestado. Ellos han sido la línea de contención que evita que el crimen organizado se transforme en poder político y que el miedo sustituya al voto como mecanismo de decisión ciudadana.
Pero no basta con aplaudirlos. El próximo gobierno deberá asumir una responsabilidad histórica: recuperar la Costa Rica que fuimos perdiendo poco a poco. Y no solo recuperarla, sino reinventarla sobre nuevos cimientos de legalidad, equidad, educación, inteligencia e inversión social.
Además, la alta jerarquía del poder judicial, abandonando el miedo a la crítica y mofa de innombrables, deberá dedicarse a buscar los mecanismos legales y la dotación presupuestaria necesaria, para que los que hoy se dedican a salvar a este pueblo, de caer en las garras del crimen organizado incluyendo a los de cuello blanco, que engañando a las masas se hacen creer salvadores del mal.
Porque si el OIJ ha contenido la amenaza, nos corresponde a todos —Estado, ciudadanía, instituciones— erradicar las causas. El crimen prospera donde la desesperanza florece, donde la desigualdad margina, donde la institucionalidad se vuelve sorda. Costa Rica necesita más que nunca un pacto nacional que comprenda que la seguridad no es represión, sino justicia; no es castigo, sino oportunidad. A quienes hoy protegen a Costa Rica desde la trinchera del OIJ: gracias. Su lucha es la de todos. Y a quienes gobernarán mañana: que no olviden que la historia juzga con severidad a quienes traicionan el futuro por comodidad o cobardía. Porque aún estamos a tiempo. Porque aún hay patria por salvar
Los comentarios están cerrados.