El loco de la radio
Compartimos esta bonita reflexión que encontramos en internet y que adaptamos para radio.
Todas las noches, a las nueve, don Julio cierra la tienda. Baja la cortina, apaga las luces y se va para la casa. Pero el radio queda encendido, junto a la ventana.
Algunos vecinos creen que lo deja prendido para espantar a los ladrones. Pero la razón es otra. Debajo de esa ventana duerme Pelota, una perra que lleva años viviendo en la cuadra. Su cama es un pedazo de cartón, acomodado contra la pared del negocio de don Julio.
Hace un año, Pelota se quedó ciega. Empezó a chocar con los postes y, algunas noches, ya no encontraba el camino hacia su cama. Una vez, don Julio la vio detenida en medio de la calle. Una moto le pitaba, pero ella no sabía hacia dónde moverse. Él salió a buscarla y la llevó hasta su rincón.
Después notó algo curioso. Mientras la tienda estaba abierta y sonaba el radio, Pelota llegaba sin dificultad. Caminaba pegada al muro, ladeaba la cabeza y seguía la música hasta encontrar su cartón. Cuando él apagaba el aparato, la perrita se perdía.
Desde entonces, el radio pasa la noche en la ventana, con la antena levantada. Don Julio lo deja a un volumen que Pelota pueda escuchar desde la calle. Una vez olvidó dejar la radio encendida. A la mañana siguiente encontró a la perra temblando en la esquina de enfrente. Fue cuando prometió nunca más olvidar eso.
Hay quienes le dicen a don Julio «el loco del radio». A sus setenta y un años, él escucha el apodo, sonríe y sigue con lo suyo.
Pero hay una pregunta que no lo deja tranquilo: ¿quién encenderá el radio cuando él ya no pueda abrir la tienda?
Tal vez esa sea una pregunta para toda la cuadra. Porque cuidar de alguien también puede ser algo tan sencillo como prestar atención: descubrir qué necesita, hacerle un espacio y asegurarse de que mañana vuelva a encontrar el camino a casa.
Para Pelota, ese camino tiene música. Y cada noche, don Julio se encarga de que siga sonando.
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