De vehículos, mamparas y partidos
Según el Diccionario de la Lengua Española, una «tureca» es una trampa casera para cazar aves. En la cultura popular costarricense, sin que esté registrado en un diccionario oficial, tureca también se refiere a ciertos partidos políticos oportunistas, que surgen cerca del periodo electoral con intenciones poco claras. No es difícil deducir que el mote “partido tureca” se deriva de la definición de trampa casera. A fin de cuentas, cuando un partido nace solo para debilitar a partidos rivales o más consolidados, o para distorsionar los resultados de las votaciones, hace trampa y confunde al elector.
Más de una vez los partidos históricos fueron acusados de crear turecas con fines espurios; también se ha dicho que sectores contrincantes dentro de un mismo partido promueven candidatos turecas, sin oportunidad de ganar, pero sí de restar apoyos a quien puntea como favorito.
Cuando el escenario político costarricense tenía menos jugadores, identificar a los turecas era más fácil. Hoy en día, con la proliferación partidaria, el destiñe de las ideologías y el aumento de la apatía, se volvió un poco más difícil identificarlos.
Cuando en cada elección surgen 10 o 12 partidos nuevos, unos con ideologías extremistas, otros de inspiración religiosa, otros más bien sin ideología, ni visión, varios de corte caudillista y algunos creados exclusivamente para montar coaliciones de hecho, que impulsen a una persona, es complicado separar la paja del heno.
Como no tienen verdadero arraigo popular, ni vida fuera de los ciclos electorales, esos partidos duran poco; o cambian de dueño de una elección a otra pues no tienen ideario definido. Son, en otras palabras, mamparas electorales o vehículos ocasionales para llevar a alguien al poder y son tan perjudiciales como los turecas de otro tiempo.
Curiosamente, algunos de esos partidos ganan adeptos con facilidad. Sus seguidores se creen la excusa gastada de que los partidos “de siempre están llenos de corrupción y de mañas”. ¿Será que a los vehículos electorales nuevos solo se suben ángeles y santos? ¿Será que dentro de ellos no hay diferencias de opinión, ni rivalidades internas ni luchas de poder? ¿Por supuesto que no.
Todo partido viejo o nuevo está compuesto por seres humanos, con cualidades y defectos. Lo que define a un verdadero partido político es que contribuye al funcionamiento y fortalecimiento de la democracia. ¿Cómo? No solo porque participa en elecciones sino, precisamente, porque tiene vida interna cuando NO son las votaciones.
Un auténtico partido canaliza demandas ciudadanas, representa a sectores concretos del pueblo, genera pensamiento, soluciones reales a los problemas nacionales, forma liderazgos congruentes, dialoga con todos los actores sociales y políticos para construir un mejor país.
La artimaña de crear partidos con fines opacos, se llamen vehículos, turecas o de otra forma, es tan antigua como la política misma y no es exclusiva de Costa Rica. Hay que saber que esas jugarretas no benefician a los votantes y por ende, tampoco a la democracia.
Informémonos bien de lo que hay detrás de un partido político antes de darle nuestra esperanza, nuestra confianza y nuestro voto, tanto para la presidencia de la República como para integrar la Asamblea Legislativa.
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