Cuidemos el planeta Tierra

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Cuidemos el planeta Tierra
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Se nos ha puesto en nuestras manos el planeta tierra para explotarlo racionalmente, no para destruirlo. Por fortuna, la mayoría lo sabe. Sin embargo a unos cuantos no les importa explotarlo como si nada pasara y como si los ambientalistas mintieran cuando se oponen.

No podemos imaginar mintiendo a Jacques Cousteau, por ser llamado defensor del mar, a causa de sus investigaciones científicas y de sus previsiones e informaciones sobre el peligro de explotarlo irracionalmente. Sería como si pretendiésemos invalidar la creciente invasión de plásticos y desechos en el río Tárcoles. La prensa escrita y  televisiva no se cansa de difundirla. Lo contrario sí lo hacen algunos grandes fabricantes, que lo niegan sus ecólogos pagados. Deberían respetar la verdad de los ambientalistas y de los verdaderos ecologistas.

De continuar la emisión de gases contaminantes más el deshielo de los polos y los glaciares, y la mencionada explotación irracional, el planeta Tierra va camino a la destrucción. Tomemos conciencia de esta lamentable realidad y sumemos nuestro apoyo al Acuerdo de París del año 2015, relativo a la defensa del planeta. A todos nos importa el calentamiento global, la desaparición de islas y de pueblos enteros y la extinción de especies, marinas y de aves, animales y bosques. También los cambios climáticos de las estaciones, que provocan inundaciones, destrucción de casas, hundimientos y deslaves. Al respecto, es absurda la negativa del mundialmente conocido gobernante norteamericano de no apoyar el acuerdo de París de que las naciones contribuyan económicamente, si pueden.

Los amigos y defensores de la Tierra sigamos por el camino verdadero: la explotación racional y cuidadosa de sus refugios y la oposición a su extinción. La lucha continúa. No apoyemos la insensatez. Cuidemos el tesoro que se nos ha dado.

Recordemos que el hombre siempre está dispuesto a buscar lo mejor, y lo mejor siempre será poner a trabajar mente y corazón. No podemos anclar el corazón en los bienes transitorios, perecederos: desaparecen con el deshielo de los polos y el calentamiento global.

Cuidemos el mundo, pero primero debemos amar a su Creador, que lo hizo para sus hijos.

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