Costa Rica ha ido superando la pandemia del Covid19

El país con su red hospitalaria y su CCSS ha logrado enfrentar la peste y apercibir los recursos necesarios para terminar de dominarla.

La batalla por la economía está por mostrarse en toda su dantesca y cruel realidad. El desempleo ha crecido de manera brutal y está llegando a niveles inmanejables para el país. Los bonos y diarios gubernamentales no sustituirán los salarios que no se estarán cobrando por que las empresas donde laboraban desaparecieron. Los gastos ordinarios de Gobierno se han mantenido sin reducción sustancial alguna. Los gastos extraordinarios de la pandemia han crecido de manera abrupta.

La batalla económica presenta ya miles de empresas y emprendimientos muertos. El gobierno anunció 900 mil millones de créditos especiales en bancos, días después redujo esta suma a poco más de quinientos mil millones. ¿En qué ha quedado la lucha contra el desempleo? ¿Qué ha sucedido con la reactivación. Costa Rica debe de hacer el mayor esfuerzo para defender las fuentes de trabajo.

El estado contrae deudas hasta por un 70% del PIB. Esas deudas generan interés y obligaciones de amortización. ¿Cómo vamos a pagar esas deudas y esos intereses? De todos es sabido que de los 10.5 millones de millones del presupuesto nacional  5.5 millones de millones se financian con impuestos pero 5 millones de millones se financian año con año con deudas. De ese enorme presupuesto cerca del 40% se destina a atender las deudas.

Si el país agota su capacidad de endeudamiento tendría que duplicar la recaudación de impuestos para seguir gastando lo que hasta ahora ha hecho. Esa duplicación es imposible de lograr. Hemos creído que no tiene consecuencia el endeudarse y menos dejar de pagarla si el país no puede.

Debemos ir con seriedad a una reforma del estado que reduzca el gasto ordinario sustancialmente. Debemos ir a una desregulación que libere a las empresas y a los emprendedores de las amarras que los sujetan para producir. Debemos evitar en lo posible aumentar la deuda pública. El país debe de seguir una senda de gastar lo que puede gastar y no lo que los sueños de los políticos nos han hecho creer que puede gastar.

Debemos tener valor para la prueba que pronto enfrentaremos, hambre y desempleo serán las dos facetas de esta etapa. Sólo a base de trabajo arduo y paciencia infinita podremos regresar lentamente a los niveles de vida que tuviera el país antes de estas tragedias.  El estado deberá conducirse en su gasto con la mayor sobriedad para reducir el mismo, evitar las deudas adicionales y el aumento de los impuestos cuyo efecto sería desastroso para todos.

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