Ante esta pandemia, perseverar con autocontrol

Señalaba Sócrates que: “Sabio es quien sabe controlarse. Conoce tus debilidades, para aprender a dominarlas”. En este sentido definitivamente el autocontrol, o “autodominio” o “autorregulación” como también se le suele llamar, representa una de las habilidades de la inteligencia emocional de mayor eficacia en tiempos de crisis como los que estamos viviendo hoy.

Ahora bien, se debe tener claro que cuando se habla de autocontrol no se está haciendo referencia a una habilidad que busque negar o reprimir los sentimientos o emociones; es decir, controlar las emociones no significa suprimirlas.

Por el contrario, el control de las emociones significa comprenderlas para luego hacer uso de dicha comprensión con el fin de transformar las situaciones en nuestro beneficio. También implica manejar efectivamente las emociones; ser flexible para manejar desafíos y desarrollar la habilidad de discernir la información positiva de aquella perjudicial que nos contamina y daña.

En este sentido, una persona que se autocontrole es capaz de manejar bien las emociones perturbadoras. Se mantienen positivas e imperturbables, aún en momentos difíciles como esta pandemia; piensan con claridad y, además, no pierden la concentración cuando son sometidas a presión. ¿Acaso estas no son habilidades convenientes para enfrentar las vicisitudes que muchas personas están enfrentando hoy como una pérdida de trabajo, una desestabilidad económica, una enfermedad o hasta la misma muerte?

¿Cuántas personas hay que ante esta pandemia pueden ver lo ocurrido como una amenaza devastadora, mientras que otras pueden verla como un desafío vigorizante para reinventarse? Es aquí donde el autocontrol logra que lo que parece amenazador pueda tomarse como un desafío para enfrentarlo con positivismo.

Es importante tener siempre en cuenta que son nuestros propios pensamientos, cambios corporales y comportamientos los que desencadenan nuestras respuestas emocionales y no los actos de otra persona o los acontecimientos exteriores. Por ejemplo, el poder de controlar el miedo, la angustia o la desesperación, o cualquier otra emoción negativa tan común en estos días, está en nuestras manos y no en las de otra persona. Recordemos que los problemas en sí pueden ser una fuente de experiencia, lo malo es cuando problema que puede controlar nuestra conducta.

Por eso lo más importante es que aprendamos a educarnos en autocontrol; es decir, percibir que nosotros no somos parte del problema, sino que está fuera de nosotros, eso nos ayuda a situarlos en un nuevo marco de referencia.

Además, es fundamental tener persistencia y paciencia pues son armas poderosas para desarrollar una actitud firme para no rendirse. Tratemos de hacer de esta particular situación que hoy nos embarga un valioso medio de aprendizaje; no olvidemos que ante esta crisis si se persevera con autocontrol, se vence.

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