A encender la luz en la Educación

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A encender la luz en la Educación
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Los datos contenidos en el VIII Informe del Estado de la Educación son contundentes y lastimosos. Estamos fallándole a nuestra niñez. El reporte confirma realidades ineludibles durante más tiempo.

Las crisis son precursoras de la evolución, y es momento oportuno para terminar con el ‘apagón educativo’ y encender la luz. De manera metafórica, la luz es la esperanza necesaria para ver y conocer, símbolo de conocimiento y verdad. De manera real, es ahora cuando debemos unir a las mentes capaces para encender la luz de los cambios precisos a fin de trazar la hoja de ruta para concretar la transformación educativa.

De la exclusión a la inclusión, del rezago a la nivelación, de la rigidez institucional a la gestión transparente y ágil, de las interrupciones a la continuidad, de la desconexión a la conexión.

Isabel Román, coordinadora del Estado de la Educación, advierte de que afrontamos una crisis silenciosa paralela a la sanitaria, cuyo impacto a mediano y largo plazo se materializará si no colocamos la educación en la agenda política.

Cada candidato a la presidencia o a una diputación debería tomar nota de lo dicho por Román. Es vital volver a colocar la educación en primer plano para que sea pilar del plan de la reactivación. Así como se habla de vigorizar la económica, igual de necesario es hablar de reactivación educativa.

Los hallazgos inquietantes del informe son el punto de partida. Obviar la realidad no es una opción, y tratar de recuperar el contenido perdido tampoco lo es. Para recuperar seis meses de enseñanza se necesita un programa de compactación curricular de tres años, que en estos momentos de crisis es inviable. La mejor opción es concentrar los esfuerzos en la lectura, habilidad esencial para el éxito académico.

A partir del tercer grado, los estudiantes pasan de aprender a leer a leer para aprender. El 85 % del contenido se presenta a través de la lectura, lo que significa que las dificultades en esta materia afectan el estudio de las demás.

De no adquirir el hábito de leer seguirán topando con obstáculos y tendrán hasta cuatro veces más probabilidades de no terminar la secundaria. Los estudiantes de 1.° y 2.° grado necesitan el apoyo complementario en esta etapa. La aseveración de Román de que «hay niños en cuarto grado que nunca han tenido un ciclo completo de clases» es una oscura predicción para tales alumnos.

El plan remedial de lectura debe ir de la mano del compromiso de que la totalidad de los estudiantes vuelvan a las aulas. Esta debería ser la prioridad del momento, por los estudiantes, para minimizar los efectos físicos, psicológicos, cognitivos y emocionales producidos por los cierres; y por el país, porque no es posible tener una economía funcional, ni esperanza de reducir las desigualdades sin un sistema educativo que funcione.

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