La leyenda de El Cadejos

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La leyenda de El Cadejos
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Como hoy estamos con todo este tema de la cimarrona y de las tradiciones costarricenses se nos ocurrió presentarles un relato muy tico. La historia de la Leyenda de El Cadejos. Eso sí. A nuestro estilo. Iniciamos.

¡Abran! ¡Ya llegué!

Hable bajito mi tata. Todos están durmiendo.

Aquello se repetía noche tras noche. El padre regresaba borracho, gritaba y atemorizaba a la familia. Su hijo le rogaba que cambiara.

Un día le va a pasar algo en ese camino… Vea como viene, borratitico,

¡No venga a darme lecciones!

Desesperado de las borracheras del papá un día el muchacho decidió asustarlo. Consiguió una piel negra y unas cadenas. Esa noche se ocultó junto al camino por donde su padre debía regresar y lo esperó.

No pasó mucho rato cuando vio al papá caminar en zigzag, bien tomado. Y cuando lo tuvo cerca, se cubrió con la piel, se puso a cuatro patas y salió arrastrando las cadenas.

Juemialma! ¿Qué… qué animal es este? ¡Atrás!

El hombre retrocedió. Entonces sacó el machete.

¡No, tata! ¡Soy yo! ¡No me haga nada!

¿Vos? ¿Mi propio hijo queriéndome asustar?

Quería que dejara de tomar… Que pudiéramos vivir tranquilos.

¡Pues ahora, de cuatro patas andarás toda la vida!

Tata… ¿Qué me está pasando? ¡Las manos…!

El muchacho trató de levantarse, pero no pudo. Su voz se quebró hasta convertirse en un aullido. Donde había estado el muchacho ahora había un enorme perro negro, de pelo enmarañado y ojos encendidos. Al ver en lo que se había convertido el joven huyó para el monte.

¡Hijo! ¡Volvé!

Pero ya había nada.

Desde entonces, el Cadejos recorre los caminos acompañando a quienes regresan solos después de beber. Su aspecto causa espanto, pero también se dice que sus ojos irradian una ternura extraña, como la de un hijo que espera que a su papá nunca le pase nada malo.

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