El costo de no planificar lo pagaremos todos
Es incomprensible que el gobierno del continuismo de quien en 2022 prometió “comerse la bronca”, de bajar el costo de la electricidad, a cuatro años y medio después de haber asumido el poder, ahora le vaya pasar esa bronca a los bolsillos del pueblo costarricense.
Cuando se abandonan la planificación y la brújula técnica, la factura termina costándole más a los hogares y a las empresas. Por eso en la próxima estación seca, entre enero y mayo de 2027, seguramente, muchas familias tendrán que ajustar sus gastos para pagar la electricidad más cara.
El fenómeno de El Niño tiene efectos de sobra conocidos por el ICE y por eso debe formar parte de su planificación. Según proyecciones del mismo ICE, la generación hidroeléctrica disminuirá cerca de un 18% entre los primeros meses de 2026 y del 2027. Entretanto, la generación térmica aumentaría casi un 350% y llegaría a representar aproximadamente un 15% de la matriz eléctrica.
Es cierto que los 96 megavatios solares previstos para 2027 aportarán energía renovable. Pero, sin almacenamiento, la energía solar no basta por sí sola para sustituir la potencia firme que se necesita durante las horas críticas. Sin embargo, cerca de una sexta parte de nuestra electricidad podría producirse quemando diésel o búnker. ¿Qué pasó con nuestra marca de país verde y con nuestra capacidad de planificación?
Según esas proyecciones, más del 40% de la generación térmica provendría de plantas privadas alquiladas, con costos elevados que podrían terminar reflejándose en las tarifas. Eso golpea más fuerte a los hogares de menores ingresos y también afecta la productividad de las empresas y la competitividad del país.
Veamos los costos. Según información que nos dio el ICE, entre 2023 y 2025 Costa Rica compró electricidad a Panamá a un precio promedio de 14,89 centavos de dólar por kilovatio hora. Generar esa misma unidad en la planta térmica Garabito costó cerca de 45 centavos en 2025; hacerlo mediante plantas alquiladas ronda los 58 centavos, casi 4 veces el costo de importarla de Panamá.
Entonces: ¿por qué para 2027 se alquilaron nuevas plantas que queman búnker en vez de comprarle energía a Panamá? Todos recordamos la frase de la presidenta Fernández: «Si tengo que quemar puentes, los quemo». Y no quemó cualquier puente: en junio la señora presidenta hizo unas declaraciones que ofendieron a Panamá, que decidió no vendernos más energía. Esa mala jugada diplomática se convertirá en costo adicional para los hogares.
El Gobierno debe explicar, por un lado, por qué no se planificó mejor para no tener que alquilar plantas que generan energía con combustibles caros y contaminantes. Por otro lado, debe aclarar qué ha hecho para restablecer la opción de comprarle energía más barata a Panamá.
Durante décadas, el ICE supo anticipar riesgos y ejecutar soluciones. Costa Rica todavía tiene el conocimiento para combinar fuentes renovables, almacenamiento, potencia firme e infraestructura moderna, sin renunciar a costos razonables.
Lo que no podemos aceptar es que la falta de previsión se presente como una fatalidad ni que el pueblo tenga que pagar las torpezas retóricas de la presidente.
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