La tibieza de un país

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La tibieza de un país
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Hay una cita bíblica del Apocalipsis que es fuerte, categórico y hasta tosco: “Ojalá fueras frío o caliente.! Por eso, porque eres tibio, te vomitaré de mi boca.” 

Quisiera utilizar esa metáfora para hablar de Costa Rica. No de la Costa Rica de los grandes discursos, ni de la que se presenta a sí misma como una sociedad democrática, pacífica y respetuosa de las instituciones.

Quisiera hablar de otra Costa Rica: la de quienes prefieren no opinar, no involucrarse, no cuestionar, no incomodar y, sobre todo, no tomar posición. De los amantes del “Mejor no me meto.”, “Yo prefiero no opinar.”, “Eso es política.”,   “Mejor dejemos las cosas así.”, “Yo estoy bien con todos.”

Estas frases parecen expresar prudencia, pero cuando se convierten en una conducta colectiva y permanente se transforman en algo mucho más peligroso: la renuncia a ejercer el criterio propio.

Una sociedad democrática no se construye solamente con personas que tienen derecho a opinar. Se construye con ciudadanos dispuestos a formarse una opinión. Y existe una diferencia enorme entre ambas cosas.

Formarse una opinión exige leer, escuchar, comparar fuentes, revisar datos, identificar contradicciones, preguntar, dudar y, finalmente, tomar una posición. No necesariamente una posición absoluta ni permanente, pero sí una posición razonada.

Eso es, en buena medida, lo que significa ser asertivo. La asertividad no es gritar. No es insultar. No es imponer una verdad. Tampoco significa convertir cada discusión en una batalla. Ser asertivo significa tener la capacidad de expresar lo que pensamos con claridad, firmeza y respeto.

Una sociedad necesita personas capaces de decir sí cuando corresponde decir sí y no cuando corresponde decir no.

Necesita personas capaces de decir: “No tengo información suficiente para pronunciarme”. Pero también necesita personas capaces de decir: “He revisado la información disponible y, con base en ella, considero que esto está mal”.  Lo verdaderamente preocupante no es la duda, es la indiferencia.

La peligrosa cultura del dejar pasar se está convirtiendo en una peligrosa amenaza  para Costa Rica. No hay discusión, los espacios de opinión editorial como este son cada vez más escasos y la teología de la ambivalencia nos tiene relajados en la tibieza de la comodidad. Ojalá no llegue el tiempo en que la frase apocalíptica se cumpla y seamos vomitados por indiferentes…

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