Una persona adulta mayor puede vivir acompañada y aun así sentir que nadie tiene tiempo para escucharla
Hay una soledad que no se nota a simple vista. Una persona adulta mayor puede vivir acompañada, compartir la mesa con su familia y, aun así, sentir que nadie tiene tiempo para escucharla.
Estar en la misma casa no siempre significa compartir la vida. A veces conversamos únicamente para preguntar si tomó sus medicamentos o si necesita algo. Pero también merece hablar de sus gustos, sus preocupaciones y sus alegrías.
En este mes de las personas adultas mayores, pensemos cómo estamos acompañando a quienes tenemos cerca. Una llamada sin prisas, una caminata, un café o una conversación pueden abrir espacios de encuentro.
Preguntemos cómo se sienten y escuchemos la respuesta. Invitémosles a participar en los planes, sin dar por hecho que no quieren o no pueden.
Podemos ayudarles a mantener amistades y conocer espacios comunitarios que les interesen.
La compañía cobra sentido cuando hay atención y afecto. Hagamos lugar en nuestra agenda para compartir, no solamente para cumplir una visita.
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