El Principito y el Zorro
En el libro El principito, hay un encuentro que nos deja una hermosa lección sobre la amistad.
El principito quiere jugar con un zorro, pero este le responde que todavía no pueden hacerlo porque no está domesticado. La palabra sorprende al pequeño viajero. ¿Qué significa domesticar? Para el zorro, significa crear lazos. Y esos lazos necesitan tiempo.
Entonces el Zorro le propone al Principito que se siente a cierta distancia y que, conforme pasen los días, se acerque un poquito más. Sin apuro. Sin exigir confianza desde el primer encuentro. Primero hay que acostumbrarse a la presencia del otro.
Después el zorro le explica que es mejor que el principito llegue siempre a la misma hora: así podría comenzar a alegrarse antes de verlo. La espera también se convertiría en parte de su felicidad.
Qué sencilla parece esa explicación. Y cuánto nos cuesta llevarla a nuestra vida.
A veces queremos una amistad profunda después de unas cuantas conversaciones. Esperamos que alguien confíe en nosotros sin haberle demostrado todavía que puede hacerlo. O creemos que una gran promesa compensa semanas de ausencia.
R: Pero los vínculos van tomando forma en lo cotidiano: una llamada, un café, una visita, una conversación en la que prestamos atención.
También crecen cuando cumplimos lo acordado, cuando recordamos algo impo¿1rtante para la otra persona y cuando sabemos acompañarla sin presiones
Eso no significa que todos debamos hablar diariamente o encontrarnos siempre a una hora exacta. Cada relación tiene sus posibilidades y su propio ritmo. Lo importante es que exista un interés que se traduzca en hechos.
Hay amistades que pasan semanas sin verse y conservan su cercanía porque ambos saben que pueden contar con el otro.
La enseñanza del zorro nos invita a preguntarnos cuánto tiempo estamos dedicando a las personas que queremos.
¿Las buscamos? ¿Las escuchamos? ¿Les hacemos espacio entre tantas ocupaciones?
El cariño necesita oportunidades para crecer. Y la confianza se fortalece cuando nuestra presencia se vuelve algo con lo que el otro puede contar.
Hoy podemos retomar esa conversación pendiente o proponer un encuentro. Crear lazos empieza con algo sencillo: estar dispuestos a compartir un poco de nuestra vida con alguien más.
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