Amuletos para la buena suerte
Alguien dice: «Ojalá me den el trabajo». Y cruza los dedos. Otra persona comenta: «Nunca se me ha varado el carro». Y toca algo de madera.
Eso son gestos pequeños que hacemos como si pudieran darle una ayudita al destino. Pero se ha preguntado de ¿De dónde vienen? Hoy se lo contamos.
Cruzar los dedos se ha relacionado con la cruz cristiana: formar una cruz con la mano habría sido una manera de pedir protección. Es una explicación conocida, aunque no existe certeza de que así comenzara la costumbre.
Tocar madera tiene varias historias posibles. Unas lo vinculan con antiguas creencias sobre los árboles; otras, con la madera de la cruz. También hay una explicación más juguetona: en ciertos juegos infantiles, tocar madera ponía a la persona «a salvo». Su origen exacto sigue siendo motivo de debate.
También está la famosa pata de conejo, la cual aparece como amuleto en tradiciones populares de Estados Unidos, especialmente en prácticas afroamericanas. Después se hizo tan conocida que terminó convertida en llavero.
También está la herradura colgada en una puerta para atraer la buena suerte o proteger la casa. Una antigua leyenda europea cuenta que san Dunstán logró ahuyentar al diablo con una herradura. Es una leyenda que ayuda a explicar la creencia, no una prueba de que allí haya nacido.
R: Y llegamos al conocido «¡machalá, machalá!». La Universidad de Costa Rica relaciona esa expresión con el árabe ma sha Allah, que significa «lo que Dios ha querido». En Costa Rica cambió su uso: si alguien dice «¿y si te enfermás durante el viaje?», respondemos «¡machalá!» para apartar esa posibilidad.
Ninguno de estos gestos garantiza buena suerte. Pero todos nos permiten decir, de distintas maneras: «Espero que salga bien». Y por si acaso… toquemos madera.
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