Costarricenses
Este domingo 1 de febrero, nuestro país vivirá una nueva jornada electoral. Una vez más, la democracia nos convoca a ejercer un derecho que también es un deber cívico: decidir, en libertad y con responsabilidad, el rumbo de Costa Rica.
En cada urna, el futuro de la patria se abre como un surco en tierra fértil, a la espera de que en él sembremos los votos de nuestra esperanza.
Desde el Tribunal Supremo de Elecciones hacemos un llamado a todas las ciudadanas y a todos los ciudadanos para que esta sea una jornada pacífica, participativa y ejemplar, como ha sido la tradición democrática que nos distingue ante el mundo.
Votar es mucho más que marcar la papeleta en la casilla de nuestra candidatura elegida. Es un acto de confianza en las reglas comunes, de respeto por las diferencias y de compromiso con el futuro colectivo. Cada voto cuenta, cada decisión importa y cada persona tiene un lugar en este proceso.
Por eso, invitamos a todas y a todos los costarricenses a acudir a las urnas con calma, respeto y espíritu cívico. A escuchar opiniones distintas sin confrontación, a rechazar la desinformación, la violencia verbal y cualquier intento de intimidación. La democracia se fortalece cuando el diálogo sustituye al insulto y cuando las ideas compiten sin agresión. Costa Rica nos pertenece a todos y nuestro profundo arraigo a esta tierra bendita nos une más allá de nuestras diferencias partidarias.
El Tribunal Supremo de Elecciones ha preparado este proceso con rigor, transparencia y absoluta imparcialidad. Las juntas receptoras de votos, integradas, fiscalizadas y observadas por miles de personas voluntarias, estarán listas para recibirles con orden y seguridad. Confiemos en ellas y en el talante civilista de los costarricenses, que, por más de siete décadas, hemos celebrado elecciones limpias y ejemplares.
Participar es la mejor forma de honrar nuestra historia democrática y de construir el país que queremos legar a las próximas generaciones. No nos excluyamos de esta fiesta de la libertad. No dejemos que otros decidan por nosotros. Hagamos escuchar nuestra voz de manera pacífica y responsable.
Este 1 de febrero, salgamos a votar con orgullo, con serenidad y con la convicción de que Costa Rica es más fuerte cuando sus ciudadanos y ciudadanas participan.
La democracia no se hereda pasivamente y con indiferencia: se ejerce. Y se ejerce votando.
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