Votar es un derecho, pero también una responsabilidad

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Votar es un derecho, pero también una responsabilidad
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Votar es una obligación ineludible por muchas razones. En Costa Rica, al igual que en muchos otros países, se tuvieron que dar grandes luchas sociales y se hicieron grandes sacrificios para poder alcanzar todo de lo que hoy disfrutamos plenamente.

Tras la independencia de España, en 1821, se instauró un sistema de votación que solo permitía el sufragio masculino, condicionado por el nivel educativo y la posición social. En 1913 se amplió el derecho al voto a todos los hombres mayores de 21 años. Sin embargo, no fue sino hasta 1949 que nuestra Constitución Política instituyó el voto universal, permitiendo también a las mujeres ejercer su voluntad a la hora de elegir a quienes nos gobiernan. Para lograrlo, ellas también debieron librar grandes luchas que hoy parecen olvidadas.

La Liga Feminista Costarricense, fundada en 1923 y liderada por doña Ángela Acuña Braun, se organizó y luchó con firmeza para que las mujeres pudieran votar. Finalmente, en 1950 participaron en un plebiscito local en La Tigra y La Fortuna de San Carlos, marcando un hito en nuestra historia democrática.

Setenta y cinco años después, corremos el riesgo de olvidar que el derecho al voto no es un regalo ni una casualidad política; es el fruto de décadas de luchas y persistencia de nuestros antepasados, un legado que debemos honrar con respeto y compromiso. Por la historia, por el presente y, sobre todo, por el futuro de todas las personas, debemos salir a votar este primero de febrero.

Cada elección define prioridades: señala qué temas importan y cuáles se postergan. Decide si creemos en la educación como motor de igualdad o si aceptamos que las brechas sigan creciendo, dejando atrás a nuestra niñez y adolescentes. Decide si defendemos una seguridad social fuerte o si miramos hacia otro lado mientras ésta se debilita día a día.

Por eso, votar es pensar en las personas trabajadoras que aportaron durante décadas y merecen una pensión digna. Es pensar en quienes necesitan un sistema de salud adecuado y justo. Es pensar en una ciudadanía que requiere sentirse segura para vivir con honradez y honestidad. Es pensar en la niñez que vive con recursos limitados y que espera oportunidades reales en las aulas.

Quedarse en casa el día de las elecciones es renunciar a esa voz que pide justicia social. Es permitir que el ocio, el cansancio o la desconfianza prevalezcan sobre la responsabilidad con la democracia. Es cargar nuestra responsabilidad en los hombros de las demás personas.

La democracia no se hereda por inercia: se cuida, se ejerce y se defiende.

 ¡Salgamos a votar!

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