Un día feliz

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Un día feliz
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Cuál si fuera una isla en el mar de los acontecimientos, donde el ayer no existió y un mañana lejano, ni se vislumbra su llegada, aquel recuerdo congelado en el tiempo, un día único que se dio para vivirlo y recordarlo hasta el confín de los días, como el vivo ejemplo del encanto y pureza de la simplicidad de la vida.

Un día único como el hombre que nace solo y al morir solo estará, en la vida compartirá con otros seres humanos y la naturaleza.  Un día del año 1963 en época navideña, los primeros y tenues rayos del sol se filtran por la ventana, el sueño desaparece, los ojos lentamente se abren.

La primera sensación fue de alegría, paz, plenitud y seguridad, un día para vivir con intensidad el presente, a los siete años de edad muchos conceptos y sus opuestos, no estaban totalmente claros, el amor, la felicidad, la injusticia, el trabajo, la responsabilidad, la tristeza y muchos otros en orden o desorden.

En el baño brillaban y saltaban las cristalinas gotas de agua que recorrían el cuerpo, lo refrescan y le daban vida, en un instante, vestido estaba, la ropa ligera, sin reproche –tengo duda de esta expresió pues si no ha desayunado, sería de esperar algún “reproche”- en el estómago, al abrir la puerta y salir, la fresca y agradable brisa navideña, saluda jugueteando traviesamente, despeina el cabello, la camisa ondeaba.

La mañana era joven, sol radiante, cielo celeste, algunas blancas y pequeñas nubes en el horizonte, inspiraban en el alma un profundo sentimiento de confianza y seguridad, al caminar sobre la tierra sin prisa, se disfrutaba paso a paso los floridos jardines, la marcha se detiene para determinar la diversidad de plantas.

Los árboles mecían las ramas tal si fueran saludos efusivos y sinceros, como el saludo espontaneo y sincero de un niño, las mariposas vuelan en busca de sus flores, la bella sinfonía del canto de las aves acariciaba los oídos y tranquilizan el espíritu, con los amigos iniciaba los juegos y la mejenga, qué tiempos aquellos.

Al paso de los años, he vivido ese día está presente, ahora con la madurez y aclarados los conceptos y sus opuestos, afirmo que, el mejor día de mi vida así fue, grandes pequeñas simplicidades de la vida, que Dios otorga a todos, aunado a los valores universales, sin embargo, la realidad de hoy es otra y muy lamentable.  

Los celulares mal empleados, las redes sociales, la ciberadicción, la pérdida de valores, la inseguridad ciudadana, el irrespeto a la vida, el narcotráfico y una sociedad moralmente en decadencia, aún con todos los adelantos tecnológicos, hoy se hace casi imposible vivir un día feliz, pleno y seguro.

Pidamos a Dios sabiduría para ejercer un cambio en la sociedad, que depare a las nuevas generaciones días felices prósperos y seguros.          

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