Los artistas vivimos del  aplauso del público, pero por lo general llega tarde!

Panorama Digital
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Los artistas vivimos del  aplauso del público, pero por lo general llega tarde!
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Conocí las hermosas canciones del maestro Walter Ferguson por grandes artistas y formadores de cultura como Manuel Monestel y Manuel Obregón, con su esfuerzo con Papaya Music junto al equipo de Luciano y Jazmín, quienes en su momento, lograron popularizar al gran Ferguson a nivel nacional.

Lo anterior, sumado a otros exponentes nacionales de igual importancia que han trabajado por la promoción y difusión del calipso costarricense, retomando en sus repertorios hermosas canciones de Ferguson con arreglos magistrales y cada vez con mayor calidad.

Amo el calipso y la cultura limonense. Siempre me ha robado el corazón y el estómago. Quien me conoce sabe que me encanta toda la gastronomía de la zona y que frecuentemente, aún en San José, busco esa conexión.  Limón es una provincia que desde niño visito mucho, por temas familiares. Son muchísimas las veces que viajé con mis papás desde que tengo memoria y ahí, aprendí la riqueza de su gente y cultura.

He aprendido, poco a poco, del calipso junto a grandes maestros como los mencionados anteriormente y otros amigos, con quienes he descubierto la joya que tenemos en Costa Rica.

Viendo las diferentes reacciones ante el triste fallecimiento del gran Mr. Gavitt, observé una que me generó dos sentimientos encontrados: Me alegró el corazón el reconocimiento/nombramiento que recibió Walter como el primer afrodescendiente declarado Ciudado de Honor; pero por otro lado, me entristeció ver que en nuestro país, siempre caminamos rezagados en el reconocimiento oportuno de los grandes gestores e íconos nacionales que hacen historia y logran destacar a Costa Rica en sus talentos, y no hablo solo en cultura, sino en todos los ámbitos.

Me alegra y es más que justo el reconocimiento a Ferguson, pero qué hermoso hubiera sido hacerlo en vida, en el mejor momento de su carrera, para que esto se convirtiera no en una flor más en su lápida o un recuerdo bonito, sino que se convirtiera en un aliciente y empujón profesional para buscar, trabajar y seguir creando para desarrollar a nivel mundial la cultura costarricense.

Hoy muchos hablan de su partida y los de verdad, esos calypsonian que aman sus raíces, continuarán su legado y ojalá, hasta lo amplifiquen con mayor trascendencia internacional. La música existe para compartirse y la riqueza de las culturas es precisamente eso, una riqueza de cada sitio que nos hace únicos y al compartirla, se crean ambientes hermosos e impactos sociales de alcances inimaginables.

Otro referente a quien respeto, aprecio y que hace unos años tuve la bendición de exponer a nivel internacional su canción “Saben de ‘onde vengo yo», fue el gran maestro Ray Tico, quien vivió algo similar al fenómeno que señalo. Logramos disfrutar de la última etapa de vida de Ray en los escenarios, pero definitivamente, nos hizo falta más de él. No pudimos vivir su juventud, su éxito fresco y recién salido del honor.

Lograr ponerle ese sello de Export y made in Costa Rica a un artista de talla mundial.

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