Un acto de elemental verguenza

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Un acto de elemental verguenza
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En 1995 y con la muerte del Banco Anglo Costarricense aún muy reciente, los bancos estatales debieron enfrentar la férrea competencia que les significó el rompimiento del monopolio de las cuentas corrientes.  Hubo entonces vaticinios de muerte para los tres bancos estatales que quedaban; sin embargo, esa competencia llevó a por lo menos dos de ellos, a la modernización, al fortalecimiento y a un cambio de mentalidad en su manejo. Antes era impensable ver un banco estatal abierto un domingo o un feriado y eso cambió porque la competencia obligó hacerlo.

Con el cambio de la AGEF a la SUGEF, como órgano de supervisión empezó un proceso de modernización que no termina aun y que, de alguna manera, ha sido el garante de que la banca costarricense haya soportado, por ejemplo, la crisis financiera internacional de 2008 y 2009. La SUGEF no lo ha hecho mal y los órganos técnicos-operativos de los bancos, han sabido responder casi siempre, a las modificaciones del entorno, con éxito.

Casi un cuarto de siglo después y tras los acontecimientos que terminaron por darle el zarpazo mortal a Bancrédito, las voces detractoras han enfocado sus baterías de destrucción hacia el Banco de Costa Rica, del que hay ya hasta una propuesta de proyecto de ley para convertirlo en una sociedad anónima, que muy posiblemente tiene detrás intereses similares a aquella mal llamada “democratización económica” que acabó con CEMPASA y FERTICA a inicios de los años noventa.

El BCR es un banco sólido, con indicadores de liquidez y suficiencia patrimonial buenos.  Que una gestión gerencial inadecuada vulnerara los filtros técnicos y se brincara elementos básicos de la normativa vigente no significa que el banco esté en riesgo.  Es necesario llamar a la calma de los ahorrantes del banco para que se mantengan serenos.

En este triste episodio del servilismo político costarricense, que no ha dejado de hacer daño por décadas y que hoy se hace evidente en el riesgo de pérdida que se tiene de millones de dólares de fondos públicos; es la longitud de los tentáculos y el poder que ejerce una sola persona sobre, asesores, ex ministros, diputados, dirigentes de precampañas y cuidado si no, hasta de magistrados y los amigos de estos.

El clientelismo, el amiguismo y las argollas han sido la lacra de la política nacional por décadas y es algo que no ha cambiado. Los puestos en juntas directivas han sido el mecanismo de pago de favores políticos para los pega banderas o contribuyentes de las campañas; quienes, sentados en sus sillas se hacen de la vista gorda, concretan reuniones, gestionan modificaciones en reglamentos o hacen llamadas persuasivas a los tribunales para servir de facilitadores a esos buitres, expertos en hacer festín de la cosa pública.

Los dueños de los bancos estatales somos todos los ticos.  Son nuestros bancos y exigimos que se restituya la confianza, que es la clave fundamental del negocio bancario. Las investigaciones sobre los créditos millonarios que se otorgaron en Bancrédito y BCR; con claras dudas en su análisis técnico y pareciera, sin apego a elementos básicos de la normativa de supervisión prudencial vigente; deben ser investigados de forma transparente y sin injerencias políticas o judiciales de ninguna naturaleza.

Si como miembro de una junta directiva elegida a dedo, usted no tiene la formación técnica especializada, ni el criterio técnico que da la experiencia, al menos debe reaccionar con algo de elemental vergüenza y renunciar.

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