Vivir es acrecentar el deseo de ser mejores.

Aunque las pasiones  nos confirmen la condición de nuestra debilidad, somos seres humanos dispuestos a adoptar el optimismo como una guía de nuestra vida, no así el conformismo o la indiferencia. Siempre el optimismo infunde alegría y deseos de vivir. Otras personas, lamentablemente, se declaran enemigas de la vida, y otros seres, en forma directa o indirecta, fomentan el odio.

Nunca aprendamos el camino que más le falta a este mundo: el amor, la verdad, la esperanza y la justicia. No perdamos la dignidad de seres creados. No somos piedras milenarias desprovistas de fe, inteligencia, memoria y voluntad. El mantiene con vida lo que tiene vida, como lo hace día a día con grandes y pequeños. No olvidemos que somos seres creados y hermanos ni permitamos el desaliento de los insolidarios.

Nadie rompa la convivencia cimentada en la libertad personal responsable, propia de una democracia afincada en Costa Rica desde 1821 y proclamada como la primera democracia latinoamericana y del Caribe. Por lo mismo, también repudiemos ese sinsentido de imponerle al país educadores cubanos. Todo lo contrario, nuestros educadores pueden enseñarle a Cuba lo que han  perdido: la libertad con responsabilidad.

Desde el universo de la familia, escuelas y colegios, debemos promover esta libertad. Por fortuna, gozamos de la dicha de vivir bajo el abrigo de una democracia republicana. Pero es más importante ser persona única e irrepetible e insustituible. No somos simple masa humana ni piedras milenarias sin destino. Preservemos el deseo de ser mejores.

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