Son tiempos de gran confusión, descontento popular y mayor desconocimiento

Veo con gran preocupación algunas reacciones de no poca gente, ante publicación de la lista de empresas, que llevan varios períodos declarando cero utilidades, entre ellas algunas que tienen funciones estratégicas pero no actividades comerciales.

 

Precisamente, las actividades comerciales son las generadoras del pago del Impuesto de la Renta, no así las estratégicas. No pareciera que quienes han desatado una especie de cacería de brujas, tengan claro qué es una actividad estratégica y qué es una comercial y cuál es el generador del pago del Impuesto de la Renta, tampoco cómo este opera financieramente.

Veo con preocupación que se está generalizando un clima anti empresa privada, a partir de la lista dada por Hacienda, como si todos los que en ella aparecen o en su momento, en los “Panama Papers”, por el simple hecho de aparecer en la lista, automáticamente y sin más ni más, son defraudadores. Y esto no se vale.

 

Aunque los ánimos caldeados producto de la desconfianza reinante en nuestro país, están a la orden del día, lo cual es absolutamente esperable, cuando los costarricenses, un día sí y otro también, son enterados por los medios de comunicación y en las redes sociales de situaciones anómalas y esto ha llevado, desafortunadamente, a no pocos a dar por sentado y como cierto, cualquier información tendenciosa o no que se difunda alrededor de un posible ilícito.

Mi comentario es general, como general es la lista de marras. Si en la realidad existen entre esa lista empresas, que en forma reiterada han evadido el pago de los impuestos, que les caiga todo el peso de la ley por su delito pero que esto sea determinado por una autoridad Judicial competente y no por la justificada frustración e indignación de la gente.

 

Igualmente, les debe caer toda la sanción que la Ley General de la Administración Pública prescribe, a los funcionarios responsables de auditar esas reiteradas declaraciones tributarias sin ganancias, que resultaren dolosas.

 

Evadir dolosamente el pago de impuestos, por tantos años, solo se podría entender posible, si hubiera complicidad de los funcionarios de la Dirección General de Tributación Directa.

 

Son muchos los flancos, donde la estabilidad social del país, ha venido siendo golpeada pero esto no debe ser razón, para sacrificar nuestro ordenamiento jurídico, nuestro Estado de Derecho. Tampoco para injuriar, calumniar y difamar sin más sustento que la frustración y la rabia por años reprimida.

 

Las autoridades competentes, tanto Ejecutivas como Judiciales, son las llamadas a aclarar, sin mayor atraso, si realmente hay entre las empresas que aparecen en esa lista, hay evasores o no, para así no permitir una mayor escalada de ataques gratuitos e infundados por doquier, que sigan caldeando el ánimo de la gente.

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