No estamos solos

No estamos solos, todos son nuestros hermanos; somos seres creados. Esto es una verdad existencial ineludible. Lo mejor es fomentar la convivencia, donde reinan el bien, el respeto, la justicia y la paz. En este décimo mes del año, tengamos presente el hecho cierto de poseer un paíshacerlo más grande mientras dure la vida. Lo más conveniente sería mejorar, en esta corta existencia, el ambiente de la vida diaria y  hacerlo más agradable y humano, no confuso y negativo.

En Costa Rica, nuestra democracia ocupa el primer lugar  de América Latina y el Caribe. Además, al país se le declaró una nación latinoamericana  con la mayor protección del medio ambiente. Por lo mismo, convendría que alumnos de escuelas y colegios lo retuvieran en su memoria en estos días de vacaciones, a fin de tomar conciencia de estos logros patrios y, así, divulgarlos. Esto nos llevaría a volvernos más amantes de la patria y a sentirnos orgullosos de sus logros, o sea, más dispuestos a servirle.

Poco a poco va surgiendo en cada uno de nosotros una valiosa auto educación, una ampliación de nuestras facultades y de nuestros límites. Yo tuve en la universidad un profesor europeo que se sorprendía de las habilidades intelectuales y manuales del costarricense. Lo cuento para ir siempre a más, no para estancarse. No perdamos de vista estas cualidades, de momento superadas por estudiantes femeninas, que ya son mayoría en diferentes carreras universitarias. Alabamos sus triunfos y lamentamos la ausencia de varones. Por fortuna, el grado de machismo en el país ha bajado. Ahora toca bajar los niveles de violencia machista. No se concibe hasta dónde ha llegado la perversidad mundial del feminicidio.

Conforme aumenta el consumo de drogas y de licor, recrudece el odio contra la mujer. Esto merece un mayor estudio de sus causas y una mayor indagación  de mujeres afectadas por estos vicios que quizá intervengan dos conceptos erróneos: el de una autosuficiencia que lleva al uso de una libertad ilimitada y, consecuentemente, a una falta o ausencia de responsabilidad personal. A su vez, esto patentiza una carencia de vida y de autoridad familiar.

No estamos solos: detrás de cada persona hay un Dios que nos protege.

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