¿Cuánto te costó la nueva pantalla?

Esa, entre otras varias preguntas – incluida la del costo de la cajita «para que el tele viejo pudiera seguir funcionando», fueron frecuentes entre familiares y amigos hace tan solo unos meses.   El motivo de todas era uno y el mismo:  La «Televisión Analógica» dejaría de funcionar en Costa Rica porque el Gobierno anunció «El «Apagón Analógico», y con el apagón – como dice la canción – «muchas cosas suceden», y sucedieron. 

Ese cambio – aunque resultaba costoso para las personas -, no se presentó ni se percibió como algo «negativo».  A final de cuentas, era parte del «Cambio Tecnológico» que imponían los tiempos y todos recibiríamos en nuestras casas una «Señal Digital» de la más «Alta Definición», que además nos permitiría multiplicar las opciones de la limitada programación nacional.  El cambio era necesario, especialmente porque esas nuevas, variadas y enriquecedoras transmisiones que recibiríamos continuarían siendo «de libre acceso», pero sobre todo «de recepción gratuita», como lo han sido siempre por mandato de ley, las transmisiones de las empresas de radio y de televisión de este país, lo que propiciaría un mejoramiento en la calidad de vida de los costarricenses.  Hasta ahí, todo caro pero aceptable!.  Viendo un poco más allá, el potencial del proyecto fortalecería nuestra Democracia y parecía justificar el costo impuesto a las personas.

Lamentablemente, hecho El Apagón y sometida la población a asumir los costos de la renovación de sus equipos para poder recibir las transmisiones digitales que promovió el Gobierno, apareció el Tigre! y ¿Qué hizo el Tigre?: Simplemente «Asomarse, Pelar los dientes y … Arrebatar!».  Es muy posible, que muchos no puedan responderse las siguientes tres preguntas: ¿Quién es el Tigre?; ¿Qué fue lo que arrebató? y ¿Quién salió perdiendo con el arrebato?.  Invirtiendo el orden de las preguntas, les ofrecemos las respuestas que consideramos correctas:  

Encontrar la respuesta a la última de las tres preguntas tiene una muy fácil solución. Quien quiera saber quién salió perdiendo puede hacerlo en este preciso momento… basta con buscar un espejo y cuando se tenga a mano… mirarse en él! «porque sí, usted fue quien salió perdiendo en ese negocio!».

Pero si además, no tiene claro ¿Qué fue lo que le quitaron? La respuesta también es simple:  Le comenzaron a quitar su derecho a tener «acceso gratuito» a transmisiones que deben ser de libre acceso para toda la población costarricense, y aquí surge un problema importante, porque en Costa Rica, las personas no deben ser sometidas a la obligación de pagar para que tener acceso a transmisiones e información, que por mandato de ley es de interés público que todos recibamos. 

Sin embargo, lo que está ocurriendo es todo lo contrario, y algunos pocos, en perjuicio de muchos, lo celebran «con retrato público alzando copa de Champagne en mano!».   Su regocijo, por una «visión de negocio» que no pretende otra cosa más que convertirnos a todos en clientes obligados a pagar para poder escuchar, pagar para poder ver, pagar para poder estar informados, y pagar para poder opinar.

Estamos presenciando la realidad deseada de esos pocos, una realidad en la que se permite que un mercado «el de las telecomunicaciones pagadas o por suscripción», ejerza un comportamiento monopólico impropio, e imponga su poder económico sobre los contenidos que le puede o no facilitar a usted otro distinto mercado: el de la radio y la televisión de señal abierta y acceso gratuito, cuya protección y obligaciones legales para con usted, responden a parámetros totalmente distintos a los de quienes simplemente «le quieren cobrar!

Comenzaron suprimiendo distintas transmisiones internacionales que tanto disfrutaba el costarricense (lo que de alguna forma puede justificarse más ampliamente), pero ahora también le niegan a la gente el acceso gratuito a las transmisiones «del fútbol nacional», una actividad que no solo reúne amigos y que es de significativa importancia en la vida social y de las familias, especialmente de aquellas que no pueden sufragar los altos costos de acudir a los estadios.

Algunos dirán «solo es fútbol!»  sin preguntarse ¿Con qué seguirán después?  ¿Volverán a intentar cerrar estaciones de radio por difundir música?; ¿Nos querrán obligar a pagar para poder tener acceso a las noticias nacionales?; o ¿Será que debemos conformarnos y estar satisfechos con ver y escuchar a la virtuosa farándula criolla?.  Parece más bien que las falsas poses progresistas de algunos, no hacen otra cosa más que esconder algunos verdaderos afanes de negocio.  

Pero ¿Quién es el Tigre? A primera vista alguien podría pensar que se trata de un conflicto privado, en el que unas empresas quieren beneficiarse perjudicando a otras.  Pero el asunto no es tan simple, porque hay alguien  – el verdadero Tigre –, muy preocupado en hacerle creer a la población su verdad: La culpa es de la empresa privada, y tal verdad no es cierta del todo porque es una «verdad condicionada».   El Tigre es quien está en posición de crear condiciones para poner en riesgo derechos, garantías y libertades democráticas fundamentales de los costarricenses, y para que eso ocurra se requiere, ineludiblemente, ejercer «poder» público y político.

Las autoridades públicas de este país tienen el deber de velar por el bien común y los mejores intereses de la población fiscalizando que no ocurra lo que está sucediendo.  Algunos en el actual Gobierno supieron proveer las condiciones adecuadas para el mejoramiento tecnológico del país, lamentablemente, también carecen de competencias para evitar que de aquél se abuse, especialmente si no existe voluntad política superior que les respalde.

Terminamos este comentario parafraseando la tantas veces utilizada frase diciendo:  «Ladran Sancho, ¿los escuchas?» … a lo que el fiel escudero respondió: «No mi señor, nada escucho!», replicando el caballero: ¿Será que no pagamos?

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