Una vida sin violencia

El pasado 25 de noviembre se conmemoró el Día Internacional de la No Violencia contra las mujeres; sin duda una fecha de gran importancia ya que posee, como norte, el asegurarle una mayor justicia a aquellas mujeres quienes sufren algún tipo de agresión.

Mas esta celebración representa tan solo un peldaño y un aliciente en esa urgente lucha a favor del sector femenino, pues a pesar de que durante la última década se han dado algunos avances al respecto, en especial con la aprobación de algunas leyes pertinentes que benefician al sector femenino, la magnitud de este problema sigue en su mayor parte sin reconocerse a conciencia por la falta de sensibilización y de accionar nacionales.

Ya la historia lo ha testificado, cuando la inacción se convierte en el funcionar de las sociedades, las convierte, fácilmente, en sociedades responsables y cómplices de la violencia. Esto, absolutamente, constituye una vergüenza, pues cada vez que se ejerce violencia contra las mujeres no solo se violenta un cuerpo y una subjetividad, sino que se atenta contra los derechos humanos.

Por ello, si los costarricenses nos vanagloriamos tanto de nuestra defensa por los derechos humanos, es inconcebible darle paso al silencio, la apatía o la falta de interés. Ya es hora de ponerle un alto a las constantes humillaciones, burlas, violaciones, opresiones, discriminaciones, los golpes, chistes, maltratos, insultos o asesinatos de los que son objeto, constantemente, las mujeres.

Es hora de no olvidar que violencia es, también, cuando una mujer gana menos que un hombre en el mismo puesto de trabajo; cuando un hombre minimiza o ridiculiza a su pareja; cuando un grupo de amigos le grita a una mujer solo para demostrar su “hombría”; cuando un hombre cree que “su mujer” es “su objeto” o cuando un marido o hijo esperan que su esposa o madre, como condición natural femenina, les prepare y les sirva la comida o recoja los platos y los lave.

Definitivamente ya es hora de que cada uno de nosotros, a manera personal, nos dirijamos a sensibilizarnos respecto del problema de la violencia contra la mujer en la medida de que asumamos un responsable y humanista compromiso para resguardar la libertad, autonomía, integridad, las oportunidades y los derechos del sector femenino.

Pues la violencia contra la mujer no disminuirá sino hasta el día en que construyamos una sociedad con diversidad de iguales, es decir, de respeto, tolerancia y oportunidades entre todos los géneros. Cuando todos, mujeres y hombres, nos proclamemos a favor del derecho humano del sector femenino a demandar y abrigar, realmente, una existencia con dignidad, respeto y libertad, es decir, una vida sin violencia.

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