Temor, trabajo y verdad

Como ya se sabe, el ambiente externo influye en el comportamiento humano. No es lo mismo enfrentarse a cuatro estaciones climáticas que tener dos, como en nuestro caso: invierno y verano. Hasta el paisaje influye. No es igual un cielo azul abierto y luminoso, a uno nublado y frecuentemente frío o en extremo muy caliente.

A nuestro ambiente debemos adjuntarle tres elementos más: el individualismo, el temor de actuar y la pasividad. No sobra sumarle los grupos de presión, con frecuencia apoyados en huelgas, desfiles, consignas y pancartas. Otras características sindicales consisten en que el Estado es enemigo del ciudadano y que, por tanto, merece el repudio del pueblo.

Pero esa consideración encierra un error elemental: concebir el Estado no solo como enemigo, sino también como una organización de segundo orden. Se ignora que no puede subsistir un país sin un principio de organización que represente a todos sus habitantes y que les proteja y asegure vida, bienes y derechos.

El Estado garantiza una básica libertad de acción para sus habitantes y, como contrapartida, demanda una personal libertad responsable. El Estado no puede permitir una libertad sin límites, porque sería fomentar el caos y la inseguridad.

Conviene renovar aquello que nos ha caracterizado: espíritu de servicio, generosidad, respeto mutuo, tolerancia, opción preferencial por los pobres, querernos, amistad, paz…

Nuestro Estado de derecho, democrático y al servicio de un pueblo libre pide una mayor protección, no basta con citarlo en todos los discursos, lo ahogan el cúmulo de leyes, reglamentos, directrices, pluses laborales, falta de rendición de cuentas, posposiciones de obras públicas y sus reajustes de precios, la suficiente vigilancia de las obras, la investigación de conductas, realizaciones y proyectos, etc. Finalmente, el  país debe contar con una ley que ordene el nombramiento de las juntas directivas, sobre todo las de instituciones autónomas y exigirles a todas rendición de cuentas.

Otro punto es tener presente la revolución cultural de París de mayo de 1968. Dictó una frase después muy difundida: “Prohibido prohibir”, hoy popularizada por el neomarxismo universitario en algunos países latinoamericanos.

Estemos vigilantes.

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