Solidaridad con el pueblo de Nicaragua

Nuestro hermano pueblo de Nicaragua, en estos momentos, se ha convertido en un río de sangre, injusticia y horror. Imposible no expresar el dolor que siento frente a esta realidad tan cercana.

Aquí en Costa Rica hemos albergado y convivido por muchos años con gente Nicaguense, los hemos visto trabajar con ahínco para mandar dinero a sus familias, ya que su propio país les ha limitado las oportunidades de trabajo. Sabemos con sus historias lo dura que han sido sus vidas.

 

Y hoy su propio presidente los castiga ante manifestaciones pacíficas para suplicar equidad en salarios y una mejor economía. Prefirió la violencia, el crimen, la tortura y el poder para silenciarlos. Se olvidó del diálogo en términos democráticos.

 

Retomo las palabras del señor Leonardo Boff, Presidente de honor del Centro de los Derechos Humanos de Petrópolis en Río, quien se une al Centro Nicaraguense de Derechos Humanos, que con su Comunicado de apoyo a los Obispos, hace una justa crítica al gobierno que está secuestrando y asesinando a sus propios compatriotas.

Estoy perplejo por el hecho de que un gobierno que condujo la liberación de Nicaragua pueda imitar las prácticas del antiguo dictador. El poder existe no para imponerse a su pueblo, sino para servirlo en justicia y paz. Nicaragua necesita del diálogo, pero ante todo necesita que las fuerzas represivas cesen de matar, especialmente a jóvenes. Esto es inaceptable. Nicaragua necesita paz, y de nuevo paz”.

Esta perplejidad no es solo suya, es del mundo entero. Imposible ser solo espectador, hace falta hablar y tomar acciones. Me enorgullece, por eso, que nuestro país, así como varios presidentes se pronunciaron pidiendo ayuda a las Naciones Unidas. Y que don Carlos Alvarado, actual Presidente de la República, también clamara y condenara a Daniel Ortega, quien utilizó su fuerza letal contra estudiantes y civiles en la Universidad Autónoma de Nicaragua, según explico a un periódico nacional el pasado 14 de Julio.

Cabe destacar el papel maravilloso que ha asumido la Iglesia Católica. Sin su ayuda incondicional y fuerza para soportar los embates de esta nueva dictadura en Nicaragua la masacre sería peor. El apoyo de Monseñor Silvio José Báez, en especial conmueve. El amor y humidad a su pueblo es infinito. No se rinde pidiendo a Daniel Ortega diálogo, acuerdos y paz. Dios quiera y sus súplicas den frutos de inmediato. Dios quiera que el Gobierno de Nicaragua entre en razón y acabe con el crimen.

Deseo con todo mi corazón paz para el pueblo de Nicaragua, con la misma cita comentada por don Leonardo Boff, en Carta de la Tierra que reza: “La paz no existe en si misma, es consecuencia de relaciones correctas en todas las instancias personales y sociales,  consigo mismo, con otras personas, otras culturas, otras vidas, con la Tierra y con el Todo Mayor del cual somos parte”.

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