Seguir apostando por la excelencia

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Muy positiva noticia arrojó la reciente clasificación mundial de universidades QS del 2016-2017, efectuada por Quacquarelli Symonds Limited, al señalar que cuatro de las universidades de Costa Rica se encuentran entre los mejores centros universitarios de Centroamérica y el Caribe. Ellas son, en orden de excelencia, la Universidad de Costa Rica, la Universidad Nacional, la Universidad Latinoamericana de Ciencia y Tecnología y la Universidad Latina de Costa Rica.

Valga destacar que esta clasificación evalúa, mundialmente, 3000 instituciones de educación superior para seleccionar a las 900 mejores y entre los aspectos que se toman en cuenta están la relación estudiante-facultad, la reputación académica y de los empleadores, las citaciones por facultad y la relación de catedráticos y estudiantes internacionales.
Esto es vital ya que, ante la sociedad global del conocimiento, de la era tecnológica y la complejidad de las demandas políticas, económicas, culturales y sociales del siglo XXI, definitivamente los centros universitarios deben incorporarse a la vida con un evidente signo de cambio que sea congruente con las innovaciones, requerimientos, necesidades y demandas de los diversos actores educativos.
Hoy se hace una tarea imperiosa garantizar la calidad de las universidades mediante una pronta, efectiva y eficaz relectura de la enseñanza y el aprendizaje. De hecho, la exagerada proliferación de centros educativos obliga a las universidades, desde una óptica ética, moral y profesional, contar con un profesorado, estrategias educativas y una evaluación constante de sus labores que ofrezca, a cabalidad, oportunidades para enfrentar las demandas que la sociedad exige y llevar a cabo un proceso de formación académica que haga de los estudiantes no solo excelentes profesionales, sino, también, mejores humanos.
Un especial reconocimiento a la Universidad de Costa Rica, a la Universidad Nacional, a la Ulacit y a la U Latina por ser centros educativos que han comprendido que la universidad debe estar presente en la vida social como agente de cambio, como promotora de servicios y generadora de una enseñanza de calidad. Esperemos que sigan por ese camino de apostar por la excelencia y sean un referente para que otras universidades estén abiertas a asumir los vitales procesos de redefinición educativa.
Quizá la labor no sea sencilla, pero ello no es excusa para no replantear nuestro quehacer universitario y marcar la diferencia estableciendo una patente preocupación por el mejoramiento de la calidad en las funciones de docencia e investigación, difusión de la cultura académica y extensión de la proyección social de las instituciones de educación superior en Costa Rica.
Recordemos lo dicho por el político mexicano Benito Juárez: “La educación es fundamental para la felicidad social; es el principio en el que descansa la libertad y el engrandecimiento de los pueblos”.

Carlos Díaz Chavarría

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