San José: un cantón anquilosado con un electorado indiferente

El municipio en un régimen democrático está llamado a ser la oportunidad más próxima para la participación y el control de los ciudadanos en los asuntos públicos. Asuntos que no pueden ser separados netamente de los privados, como si aquellos discurrieran en paralelo con estos últimos, sin encontrarse nunca. Por el contrario, lo público determina lo privado, y lo privado, lo público.

Las anteriores elecciones de Alcalde de San José se han caracterizado por una bajísima participación electoral, en que al ganador le han bastado poco más de 20.000 votos para hacerse con el poder, quedando más de 170.000 votantes en casa, inertes e indiferentes al destino de su ayuntamiento. Esta dinámica ha llevado al enquistamiento, por más de 30 años, de un único liderazgo al frente de la Municipalidad de San José, con resultados que justifican, por ejemplo, que un medio español nos califique recientemente entre las ciudades “menos agraciadas” del mundo.

Entre la indiferencia de los vecinos y la inoperancia de sus dirigentes, San José es hoy una ciudad en la que, salvo lugares muy puntuales, no hay por donde caminar con alegría y dignidad: una ciudad maloliente, con aceras en mal estado o, simplemente, inexistentes, impidiendo la sana y estimulante experiencia de las grandes urbes de “caminar la ciudad”. Es también una ciudad sin concepto de planificación urbana, carente de armonía arquitectónica.

El hacinamiento y caos vehicular nos fastidia y empobrece a diario. Brilla solo por su ausencia el manejo eficaz y ecológico de los residuos sólidos. Son tristemente notorias las desigualdades económicas y sociales entre los distritos del cantón. Los espacios públicos parecen dejados en abandono, sin iluminación, presa de la mendicidad y terreno fértil de la droga.

La ciudad aumenta en inseguridad y en tasa de homicidios. Y podríamos continuar, pero basta esta enumeración de resultados de una gestión política única en la Municipalidad de San José, que ha tenido tiempo más que de sobra para haber logrado algo mejor, para cuestionarse seriamente si no es acaso el momento de que los vecinos hasta ahora impávidos se indignen un poco, salgan a votar y, ¿Por qué no?, determinen un viraje histórico.  

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