¿Que Dios y la Fedefut os lo demanden?

Decían los antiguos egipcios que la tesis y la antítesis son lo mismo, tenían razón. Tanto el fundamentalista religioso como el antirreligioso se parecen, ambos son en alguna medida intolerantes, ambos buscan imponer su punto de vista y creencias, en completo atropello a las de los demás y, ambos, usualmente terminan haciendo el ridículo.

Hace un tiempo atrás, un connotado comentarista de este espacio, se dirigió al anterior Presidente de la República así: “Nobleza obliga, señor Presidente, nobleza obliga”. Nosotros tomamos esas palabras y se las dirigimos al Presidente actual: Nobleza obliga, señor Presidente, nobleza obliga. El hecho de que, según parece usted no sea creyente, esto no autoriza a ignorar sus obligaciones legales, pero menos derecho le da para aplicar su fundamentalismo en perjuicio de la mayoría.

Hay algo muy curioso con ciertos ateos fundamentalistas: En campaña electoral van a la iglesia y se persignan, cuando ya no están en campaña despotrican contra la religión. Aquí no se trata de si cree o no cree, se trata de que es el señor Presidente de la República y como tal, tiene obligaciones con los ciudadanos, más allá de sus creencias personales. No le asiste derecho alguno a modificar a arbitrariamente el artículo 194 de la Constitución Política, esto solo un constituyente lo podría hacer.

A don Carlos Alvarado se le olvida que es una obligación legal el juramentar de conformidad con lo dispuesto en el artículo constitucional recién mencionado, no es facultativo, es obligatorio. Dicen que a las personas se les conoce por sus acciones y que en los detalles se esconde el diablo. No usamos el término diablo con la intención de asignarle ese calificativo ni en forma peyorativa al señor Presidente, sino en el sentido popular del refrán.

Se dice que en toda relación humana hay dos elementos primordiales: la lealtad y el agradecimiento. Independientemente de si votamos por usted o no, don Carlos, usted le debe lealtad y agradecimiento a todo el pueblo de Costa Rica, no solo a sus afines ideológicos, partidarios y con similares ideas.

En el gobierno del bicentenario, no solo se respetan los derechos de las minorías, también hay que atender los de las mayorías. En el gobierno del bicentenario, se sigue el imperativo categórico de Kant del cual usted hizo tanto énfasis el ocho de mayo anterior.

Bien sabe usted, don Carlos, que Kant era claro y contundente en no utilizar a las personas como medios, sino de verlas como fines. Esperemos que usted esté siguiendo el imperativo categórico que invocó, y que no sea mero egoísmo ético distorsionado, ese donde se ponderan los intereses con base a creencias particulares, dejando de lado las enseñanzas de Kant y los intereses de Costa Rica.

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