Por una cultura de paz, igualdad y equidad

El respeto absoluto a los derechos humanos, consagrado en su Declaración Universal y ratificado en otros instrumentos internacionales, afirma, que la violencia contra las mujeres, constituye una violación a los mismos y las libertades fundamentales de ellas.

Nuestro país, se encuentra en un momento crítico, ya que nos enfrentamos ante el aumento de acciones violentas en contra de las mujeres, y la creciente cifra de femicidios, resultado de lo anterior, nos debe de preocupar como sociedad y repudiar estos hechos, sin dejarlos en la palestra de los titulares y redes sociales.

Es una la realidad que nos golpea de frente y ante la que muchas personas han lanzado dardos en la dirección equivocada acusando a la víctima de ser su propio verdugo.

Cuando se mata a una mujer, el culpable y responsable es su asesino, el femicida, decidiendo que puede acabar con la vida de una mujer y por consiguiente matarla por querer ella, salir de esa construcción social de “ser para los otros” que desde niñas se les ha inculcado a las mujeres. Todo esto reforzado por una sociedad patriarcal que premia tan brutal conducta.

Ninguna mujer podrá ser ¡nunca! la responsable de la violencia que se ejerce hacia ella y mucho menos aún, de su asesinato. Debemos dejar de culparlas y de lanzar interrogantes sobre su actuar.

Tenemos que darnos a la tarea de conocer y entender el ciclo de la violencia en el que ellas se encuentran inmersas y del cual, en muchas ocasiones, su salida les resulta extremadamente dificultosa.

Cuando se comete un femicidio, la que falla es la sociedad, no la mujer a la que se le ha arrebatado SU vida, ella es sólo la víctima. Fallamos todas las personas al no parar con el machismo, con la desigualdad que nos carcome, al no depositar las responsabilidades donde son y simplemente dejar pasar por alto y con cruda indiferencia aquello que nuestros ojos ven y nuestros oídos oyen porque “en cuestiones de pareja es mejor no meterse”. Somos cómplices al callar, al no apoyar.

 Prevenir y erradicar la violencia es una labor de todas las personas que supone el deber de actuar con la debida diligencia dejando atrás la indiferencia y denunciando estos hechos de violencia en aras de una cultura de paz, igualdad y equidad.

Marchemos todos y todas este 25 de noviembre en común unión con miles y miles de mujeres que lo único que desean es ser escuchadas y no ignoradas que lo único que desean es ¡!vivir y no ser asesinadas!!!!

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