Nadia Murad

Nadia Murad vivía con su familia en una granja en Kojo, al norte de Irak, un día trágico -como días trágicos hay todas las semanas por esa zona del mundo- un grupo de hombres pertenecientes al Estado Islámico acorraló el pueblo, matando a los su padre y sus hermanos, a ella la retuvieron como esclava sexual.

Durante 3 años fue golpeada, humillada, quemada y constantemente violada por un grupo extenso de salvajes, hasta que un día su captor dejó la puerta abierta por la que Nadia pudo escapar.

Burló la seguridad y fue protegida por una familia que se jugó su vida por una desconocida, logró establecerse en un campamento a las fronteras de los terrenos dominados por este grupo terrorista.

Su pesadilla pudo llegar a un fin porque el gobierno de Alemania le abrió sus puertas y encontró la oportunidad de dejar atrás sus años dolorosos, de hacer lo posible por olvidar y seguir adelante.

En lugar de esto, decidió dedicar su vida a pelear por otras como ella, con el objetivo de ser la última que sufriera lo que ella sufrió.

Ahora es víctima constante de amenazas, sigue en el ojo de enormes redes terroristas, da la cara con el rostro expuesto, cuenta su historia, regala los detalles más desgarradores de su intimidad por gente que no conoce, por dar por ellas lo que recibió de esa familia que la resguardó, o ese campamento que la protegió, o de ese país que le abrió sus puertas, o esa abogada que la representa contra las autoridades de esa maldita organización.

Hace unos días Nadia Murad ganó el Premio Nobel de la Paz, un pequeño reconocimiento para una mujer ENORME.

Colaboración del periodista Mauricio Azofeifa

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