Misión universitaria

Muchos de los adultos jóvenes se educan de manera formal en las universidades, y partiendo de la afirmación de que estas se encuentran inmersas en la sociedad, es bien reconocido su responsabilidad para con ella. De esta manera, la actividad universitaria no puede centrarse exclusivamente a la práctica académica solamente, sino que debe contemplar aspectos sociales orientados al desarrollo humano, social, real y sostenible que haga de los estudiantes personas competitivas y eficientes.

Durante mucho tiempo la universidad fue vista como síntesis del saber ya conocido, y como encargada de transmitir conocimientos, a partir de sus propios intereses y un tanto aislada de la sociedad. Actualmente, con las exigencias de los mercados competitivos y el advenimiento de las tecnologías, la universidad se ha visto en la obligación de incorporar cambios en la producción de esos saberes y conocimientos con el fin de ajustarse a las necesidades prácticas y reales de la sociedad actual y, por ende, a preparar profesionales con características que les permitan incursionar de manera efectiva en esa sociedad de cambios constantes.

Ahora bien, para que las universidades puedan cumplir sus tareas requiere de profesores preparados que no solo sepan el contenido científico, sino que sepan enseñar lo que necesita la sociedad, de aquí se resalta la necesidad de que los profesores estén capacitados para educar. Es decir, se debe entender que los docentes deben conocer los modelos educativos, los métodos, actualizarse, desarrollar las habilidades cognitivas y afectivas indispensables para brindarles a ellos una correcta orientación; en fin, contribuir a la creación de individuos profesional y personalmente capacitados, autónomos, autorregulados y críticos, que puedan no solo desenvolverse en una sociedad cambiante y competitiva, sino también contribuir con ella.

Efectivamente, nos encontramos inmersos en una sociedad del conocimiento la cual promueve una educación superior sustentada en la formación de profesionales del conocimiento pero, a la vez, trabajadores también de ese conocimiento; esto siempre se los recalco a mis alumnos cuando les digo que ellos se encuentran en una época muy competitiva en donde deben estar preparados lo más posible, y ello no significa coleccionar títulos, sino tener una preparación en competencias como la buena redacción, un pensamiento de calidad, excelentes interrelaciones personales o un conocimiento de las herramientas tecnológicas para que se incorporen, exitosamente, al ámbito laboral.

Por supuesto que en esta época de trasformaciones sociales, políticas y económicas no es fácil ser estudiante y docente, pero ello no debe significar apatía y conformismo, las universidades deben seguir mirando hacia adelante, siempre ir más allá, si es que deseamos formar profesionales con actitud crítica y proactiva en la búsqueda de aportes a las problemáticas sociales y donde se aprenda para la vida.

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