Más que un monólogo…

Con un rotundo éxito se presentó hace unas semanas en el teatro Arnoldo Herrera, del Conservatorio Castella, la obra Monólogos de la Vagina, la cual es un texto cuya idea original es de la dramaturga estadounidense Eve Ensler quien entrevistó a 200 mujeres que han sido víctimas de abuso sexual y violación en todo el mundo. Indudablemente es una obra que habla de mujeres desde la perspectiva de las mujeres, por ello es que constituye una obra reivindicativa, feminista y política.

Valga destacar que cada año, entre el primero de febrero y el 8 de marzo que es el Día Internacional de la Mujer, es cuando diversos grupos de voluntariado alrededor del mundo llevan al escenario esta obra con el fin de recaudar fondos en ayuda a programas regionales que combaten la violencia contra las mujeres y las jóvenes, los cuales incluyen refugios para víctimas de violencia contra las mujeres y centros de apoyo para víctimas de violación.

En Costa Rica el texto fue puesto en escena por la organización tica Arte para la Paz, 22 maestras de la Asociación Nacional de Educadores y Educadoras (Ande), quienes sin ninguna experiencia teatral ensayaron, durante ocho meses, para lograr entregarle al público un trabajo no solo de calidad sino, también, de gran sensibilidad social y pensamiento crítico. Además, la obra se presentó en el marco del 20° aniversario del primer montaje de Los monólogos y, a la vez, fue un tributo para las 26 mujeres que fueron víctimas de femicidio en el 2017.

En el transcurso de la obra se presentaron diversos monólogos, los cuales están relacionados, de alguna manera, con la vagina, ya sea a través del amor, el sexo, el nacimiento, la menstruación, la violación, la mutilación, la masturbación, el orgasmo y la variedad de nombres para el órgano sexual femenino, o simplemente como un aspecto físico del cuerpo. Pero siempre haciendo énfasis en que representa un instrumento de poder y de expresión genuina de la individualidad femenina.

Al respecto Cristina Quesada, una de las actrices, señaló que hacer la obra fue todo un reto pues poco a poco fueron abriendo sus corazones y experiencias, hasta que llegó un momento donde todas las participantes se convirtieron en una sola. Participar en la obra significó para ella, y sus compañeras, el darse cuenta de lo valiosas que son; que podían ser voceras de un mensaje esperanzador y portadoras de denuncia social en contra de la violencia contra las mujeres.

Ojalá sean más las representaciones de esta obra porque sin duda en un arte impregnado de respeto, empatía, solidad y positivismo. Mil felicidades a quienes hicieron de esta obra un mensaje cargado de esperanza y humanismo.

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