Maduro y la legitimación de la dictadura

Nuestra generación se ha convertido en testigo y parte de la historia en la legitimación de un régimen dictatorial. No por nada el presidente Nicolás Maduro dijo que él impondría sus intereses por las buenas o por las armas, por esa razón, hablan de 8 millones de asistentes a las urnas, porque está claro que necesitan aparentar tener más votos que el llamado a Plebiscito de días atrás, es el juego de la manipulación de masas, y de manifestar una forma de empoderamiento frente a aquellos que llaman a luchar contra el liderazgo del cual el presidente venezolano.
Eso es solamente la punta visible del iceberg en una estructura mucho más compleja, producto del desgaste en la clase política venezolana y de un grupo político que ha logrado consolidar su poder, como bien lo manifestó el propio Maduro en su primera intervención después de los resultados, cerrando filas contra la oposición.
Además, estamos frente a una situación peligrosa en América Latina, donde se pensó que con la salida de los Castro quedaría atrás las dictaduras enfermizas, pero los ejemplos de los regímenes en Managua y Caracas dan fe de otra realidad que no se esperaba ver de nuevo.
¿Quién dice que no se puede viajar en el tiempo? Gracias a Maduro y el binomio Ortega – Murillo se impone una nueva cortina de hierro, y se retorna a la era donde los países de la región, tan golpeados por la miseria económica, venden sus territorios a liderazgos globales a cambio de armamento y de perpetuidad de sus poderes a costas por supuesto del pueblo.
La pregunta que cabe es si cuenta con legitimidad el régimen chavista -sin Chávez-, la respuesta sencilla es que sí la poseen, pero no nos confundamos, en este caso es una legitimidad artificial, de papel, construida e impuesta por el poder opresor que aplica el gobierno contra los opositores, a través de la manipulación de normas o con fuerzas militares y paramilitares, además que, para los efectos internacionales, la legitimidad se limita a un grupito de países cuestionables que aplauden estas medidas que ellos desearían poder ejecutar en sus propios territorios.
Ante este panorama, la principal labor contra los maduristas la tienen los propios venezolanos internamente, con lo difícil que será revertir las circunstancias actuales, ya que utilizando solo el artículo 350 de la Constitución no lograrán mucho, mientras los controles de los principales poderes se encuentren todavía bajo el convencimiento del gobierno, esto será una lucha sin fin, ante la cual seguirán corriendo ríos de sangre.
Bryan Acuña Obando

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