Los ojos de Dios

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El azul del cielo infinito, mansión de Dios, donde la humanidad es la invitada de honor.  Antes una breve escala en la Tierra para ver lo invisible, creer lo increíble y recibir lo imposible.

Escala de vida para sonreír, llorar y forjar un espacio en la Mansión de Dios, fácil no lo es, más el camino lo es, hacer el bien sin mirar a quién, con verdadero amor, desprendimiento y lo más importante, no esperar recompensa alguna, es así como se construye un lugar a la diestra de Dios.

El cristalino azul del cielo, cual si fueran los ojos de Dios observan hasta el más mínimo movimiento de los actos y pensamientos de la humanidad, quizás engañar al hombre sea posible, a Dios imposible.

El azul del cielo inspira paz, transparencia y esperanza, virtudes para vivir con alegría, entusiasmo y la fe inquebrantable de que nuestro Creador estará hasta el confín de los tiempos, como el eje transversal de lo bueno absoluto.

En ocasiones las nubes grises y tormentas perturban la existencia, como parte de ese mosaico de instantes que componen la vida, vida que es la única oportunidad para escalar al Cielo.

Es importante considerar en forma cotidiana la fe en Dios, porque esa fe aliviana la carga sobre la espalda, aclara los nublados del día y genera la energía para dar cada paso en forma asertiva hacia la consumación de los actos nobles y justos, más la fortaleza de reconocer los errores, rectifica y resarcir los daños provocados.

En la Jornada Mundial de la Juventud 2019, el Papa Francisco, hace hincapié en el amor de Dios y en la realidad de cada ser humano y, como desde esa realidad personal, cada individuo, al hacer uso del amor enseñado por su hijo Jesús, puede lograr cambios positivos en su entorno para construir en forma colectiva una sociedad justa, equitativa e inclusiva.

Primicia fundamental el amor de Dios para forjar la paz, el entendimiento y el progreso integral entre los hombres, al olvidar el egoísmo, los intereses creados y el servilismo.

Los políticos que aprendan del humilde campesino que da de comer a la sociedad, con el sudor de su frente, producto de un trabajo hecho con amor, que los empresarios no olviden que la tecnología es para producir mejores productos y servicios, no para eliminar personal y generar más utilidades, que el individuo como tal demuestre el amor de Dios, con honestidad, solidaridad y respeto.

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