Los matapalos en el sector público

Ingresa la notificación del Tribunal de lo Contencioso Administrativo, después de dos años, de lidiar con uno de los ministerios, finalmente acudimos a la vía contenciosa, para que un juez de ese tribunal le ordenara a la administración pública resolver. Así por las buenas, como dicen, la administración llama al afectado y le dice que le disculpe por el atraso, porque solo tienen una persona resolviendo, cuando esto es inexacto.

Luego, en medio de una tarde de domingo, en la zona norte yace un árbol de limón ácido con dos tipos de hojas, este comentarista, al no conocer nada sobre el campo, no comprende que esas hojas son de matapalo, la enredadera parásita que se le adhiere a las ramas de los árboles y los seca. Surge la semejanza entre el matapalo y esos funcionarios que no resolvieron un recurso por más de dos años: ambos viven del esfuerzo ajeno, unos del árbol de limón, los otros del árbol de limón de los fondos públicos.

Antes de continuar, es importante resaltar que no vamos a generalizar y decir que todos los funcionarios públicos son así de irresponsables y despreocupados, por el contrario, como en todo, hay que analizar caso por caso, hay funcionarios públicos que no quieren trabajar, inventan excusas para no resolver, toman almuerzos de dos horas y recesos de café de una hora, pero no son todos quienes son así, por lo que nos rehusamos en generalizar y caer en el error de echarlos a todos en el mismo saco.

Unos árboles más adelante ya no solo hay matapalos sino bejucos, igual de parasitarios que el matapalo, como esos tomadores de decisiones judiciales que fallan en contra de la ley, condenan al inocente y absuelven al culpable. Nuevamente, no son todos, pero sí una minoría calificada que lejos de promover la justicia más bien hacen todo lo contrario. Entre los bejucos y matapalos, las finanzas públicas se han ido secando.

Note usted, estimado radioescucha, cómo el funcionario público irresponsable, despreocupado por el usuario y malagradecido con su trabajo, se parece al matapalo, porque las hojas del matapalo se parecen a las del árbol de limón, pero cuando uno toma la rama y observa a la planta parásita, observa que vive del esfuerzo ajeno, tal y como aquellos que se detienen a tomar café, perder el tiempo, y dejan que sus compañeros de oficina o de despacho sean los que carguen con el trabajo de ellos.

Nosotros quitamos el matapalo del árbol, nos espinamos, pero el árbol quedó respirando, algo similar hay que hacer con esas personas que no quieren trabajar y aun así pretenden cobrar un salario, vale la pena la espinada si podemos rescatar al árbol.

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