Los flagelos de América Latina

Ni la izquierda ni la derecha; ninguna de las dos tendencias son culpables del estancamiento ni el empobrecimiento latinoamericano.

Es la corrupción institucionalizada, generalizada y rampante en la inmensa mayoría de nuestros países, lo que nos ha impedido dar el salto al desarrollo. Como consecuencia de ello, el otro mayor flagelo que azota a los pueblos es el estancamiento de los índices de pobreza a lo largo y ancho del continente americano.

Y sabemos con certeza que la robadera, las coimas, el sobreprecio en las contrataciones y en los proyectos de infraestructura; la reprogramación de diseños en caminos y carreteras primarias; los supuestos “errores” de trazados en rutas como la nueva de San Carlos, la más reciente radial a Moín, el puente de la platina, y algunas otras obras menores en Costa Rica, nos han costado enormes erogaciones extraordinarias con cargo al presupuesto nacional.

Los sobornos de Obedrecht, OAS, y otros conglomerados empresariales para adjudicar megaproyectos en el Perú, Brasil, Venezuela, Nicaragua, entre otros; los recientes descubrimientos de negocios que durante 10 años saquearon la Argentina de la pareja presidencial anterior; los negocios del chavismo y el madurismo en Venezuela que han destruido y africanizado a Venezuela. México y América Central tampoco escapan a estas prácticas gubernamentales.

En fin, sean de izquierda o sean de derecha, los gobiernos de turno han pauperizado a los países de nuestra esfera latinoamericana. No es cuestión de ideologías, es un tema de valores a la hora de gobernar el que nos mantiene en estos estados de empobrecimiento generalizado.

No hay ni habrá paquete de impuestos que soporte estos desmanes. O empezamos a cambiar los paradigmas para gobernar o la bomba de tiempo llamada “pobreza” será el detonante que destruya los intentos de gobernabilidad que algunos, muy pocos por cierto, intentan reformar con algún grado de tibieza y discreto temor.

Honestidad en la administración de la cosa pública, eliminando focos de corrupción en el estado, y transparencia en la adjudicación de proyectos deben ser conductas prioritarias para rescatar la confianza. Cuando los recursos se manejan bien, se utilizan en los fines previstos para alcanzar las metas propuestas, la ciudadanía empezará a creer de nuevo; vendrá más inversión; empezará a bajar el desempleo y por ende los índices de pobreza irían en descenso paulatino.

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