Liderar con responsabilidad

La primera característica sobre la cual habla la Biblia, para determinar quién es un buen líder y quién no es, la identifica con, si quien lidera se preocupa por los demás; no solo cuando tiene el poder como líder, sino también cuando no lo tiene. El verdadero líder tiene como característica principal, poner los intereses de los demás por encima de los suyos, así es como se gana la confianza y respeto de las personas.

En temas de gobierno, liderar significa anteponer los intereses y la ideología propia, para primero que todo actuar sea conforme al interés público. El verdadero líder une, no separa. El verdadero líder piensa a largo plazo, no en beneficio de su partido en las próximas elecciones. El verdadero líder no busca el honor, más bien huye de él, porque no es por honor, ni por ego que ostenta el poder sino para ayudar a los demás.    

Liderar es ayudar, liderar es dirigir, liderar es planear, liderar es organizar, liderar es controlar, controlar eso sí, no es coartar la libertad arbitrariamente, sino supervisar, asegurarse que las cosas se hagan y que se hagan bien hechas.

Quien lidera piensa de una manera, habla de esa manera y actúa de esa manera. El líder conoce muy bien la ética, que debe tener cuando gobierna y lo hace tomando en cuenta a todos los sectores de la sociedad. El líder no cede ante la presión de los sediciosos callejeros, con aspiraciones a faraones y que utilizan las emociones de los más descuidados para mover a las masas.

El líder piensa antes en el bienestar de los demás que en el suyo, por eso es que puede apoyar moralmente una huelga, pero legalmente cumple con sus obligaciones. Ejemplos sobran, moralmente, muchos funcionarios apoyaron la pasada huelga, pero no dejaron de atender pacientes en la Caja, porque saben que los intereses suyos están por debajo de aquellos de personas enfermas que necesitan de sus servicios.

El líder no tuerce la ley ni las normas para justificar lo injustificable. El líder no se alía con un grupo en detrimento de los demás, cuando esto no favorece a los intereses públicos. El líder conoce muy bien su lugar y su ego no lo aprisiona ni lo domina para hacer lo que es correcto, en beneficio de la sociedad.

Quien gobierna lo hace por el medio, no por los extremos, porque entiende que en el medio está la virtud. Posee una visión equilibrada de la vida y no deja que sus deseos ni pasiones personales nublen su claridad mental.

Los ejemplos de liderazgo sobran, porque la humanidad ha tenido a grandes líderes. Quienes ostentan actualmente el poder deben entender que no por tener un cargo público ya eso los convierte automáticamente en líderes. Es hora de amarrarse los pantalones, dejar la ideología de lado y comenzar a gobernar por Costa Rica.

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