La pena de muerte

Como un eco de lo que viene sucediendo a nivel  global, en nuestro país, desde hace algún tiempo se viene hablando del ABORTO, y como otros casos ya conocidos y polémicos, comienza de manera sutil, pasando luego al escenario político, religioso y social.

Siendo el aborto una forma de asesinato, la más vil y cruel de todas por tratarse de seres humanos en total indefensión, nos debe llamar a reflexión por cuanto al pretender legalizarlo se convierte ni más ni menos que en la instauración de la pena de muerte en costa rica.

Pero observen qué grave, no va a haber un juicio, ni un jurado, ni jueces, ni testigos de la defensa, ni una declaración del no nacido. Ahora bien ¿En qué se diferencia esto de la total barbarie en que históricamente y en forma repetida han caído los pueblos? Porque esto es la solución final, en la mayoría de los casos, a un acto de irresponsabilidad. Práctica cruel igual a la tristemente recordada y practicada por Hitler y sus secuaces, solo que ahora no vamos a asesinar a los pequeños no en el patíbulo, ni en cámaras de gas sino en nuestros hospitales, y llevada a cabo no por carceleros, sino por nuestros médicos que juraron defender la vida.

Algunos dirán, y esto, ¿Qué tiene que ver conmigo? Resulta que, si se logra aprobar el aborto libre, cada uno de nosotros estaremos contribuyendo mediante nuestras cuotas a la Caja Costarricense del Seguro Socuial, con esta forma de abominación.

Los que defienden la supresión de la vida de un niño, argumentan los derechos de las madres, sobre todo después de haber sufrido hechos lamentables y traumáticos, que aunque son los menos, sin lugar a dudas afectan de manera profunda la vida de las mujeres, que las sufren pero se encuentran equivocados en la solución, no es matando al indefenso e inocente, debemos de volcar nuestra ayuda y esfuerzos  en socorrer a la que está pasando por esta dura situación, con el concurso de instituciones y profesionales afines, soporte psicológico, creación de  clínicas especializadas,  apoyo de organizaciones comprometidas con la vida y todo lo que sea necesario en forma rápida y eficiente.

Una vez, me dijo un extranjero que a su pasó por nuestro país, muchas cosas le habían gustado, pero el mejor recuerdo que llevaba consigo, era que en Costa Rica se amaba a los niños, y es cierto. ¡Aquí los amamos!, ningún niño sobra. Se dice que del cielo nos siguen mandando niñitos, porque Dios continúa creyendo en la humanidad y esto es hermoso.

Hagamos nuestro el mensaje de la Madre Teresa cuando decía, “no los maten dénmelos a mi”. Y yo me permito decir, bienvenidos, pequeños costarricenses, aquí todos los esperamos con los brazos abiertos.

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