La misión de los gobiernos, desarrollo de la nación e importación de miseria…

Si me pidieran escribir la Misión de un Gobierno en un sistema democrático, dictaría más o menos la siguiente: “Procura las mejores políticas públicas para el fortalecimiento de la democracia, la convivencia pacífica y participación ciudadana en la construcción de la nación. Promueve el pleno disfrute de libertades individuales y colectivas. Lidera las acciones de los demás poderes, para crear las sinergias necesarias y el desarrollo para todos los gobernados”.

 

Sin duda hay ejemplos de países en el mundo que hacen esa y muchas tareas y son gestores de desarrollo para sus pueblos. Asumen el poder desde una postura clara, con un norte específico y siempre ejercen su función, pensando en crear las opciones necesarias para que los habitantes de sus países deseen vivir en él, trabajen muy duro para mejorarlo y; hasta se vuelven conscientes y responsables de sus obligaciones tributarias, las cuales honran con premura y justicia.

 

Estos países que hacen bien su tarea, se desarrollan, llevan el bienestar a sus habitantes y por supuesto, hacen un esfuerzo que procure la mejor distribución de la riqueza producida entre esos ciudadanos. Esos países gestan tales niveles de desarrollo, que incluso les alcanza para compartir su bienestar con habitantes de otros países.  Eso sin duda es bueno, es loable y es genial que exista.

 

No es justo, no se vale, lo que no puede convertirse en triquiñuela burda y socialista; es pretender que esas naciones que lo hacen bien, deban asumir la pobreza, la miseria y la desesperación, convertida en oleadas de miles de inmigrantes provenientes del hambre producida por esos dictadores y delincuentes. Pillos, que desangran sus países sin el más mínimo pudor, que desgarran sus naciones con robos e injusticias, con desatención de las más elementales de las necesidades de su gente.

 

Confundir la buena voluntad y el espíritu solidario de gobiernos amigos, determinados a la generosidad y al compartir, con obligación de éstos por importar la miseria provocada por irresponsables, ladrones y dictadores, es a todas luces, un descaro y una burla a la dignidad de quienes viven en paz en sus países y quienes han construido su desarrollo responsablemente, con el trabajo y la dignidad que da su propia idiosincrasia.

 

El descaro de estos gobernantes ineptos, promoviendo con su cinismo la huida masiva de sus pueblos, es el caldo de cultivo perfecto para las minorías fundamentalistas, que ven en esto, una oportunidad de oro, para promover las consignas raciales y xenofóbicas que hoy vemos promulgar con elocuente y lamentable éxito.

 

La misión de los gobiernos es promover el desarrollo de sus pueblos y no la inmigración de la miseria a sus naciones.

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