La libertad de expresión también aplica para lo que no nos gusta

Recientemente, el Comisionado LGTBIQ del gobierno, entiendo que ha atacado a la carroza de una universidad privada que participará en el Festival de la Luz en defensa de la familia tradicional. El derecho a la libertad de expresión no solo aplica para aquellos que nos son afines en su pensamiento, sino también para aquellos que piensan distinto. De lo contrario, no sería libertad de expresión sino adoctrinamiento, al mejor estilo de los totalitaristas, donde solo se permite hablar a quien piense como nosotros. En un país democrático y una sociedad pluralista no se puede ni debe permitir eso en ninguna circunstancia, menos cuando se trata de un funcionario que tiene la obligación de respetar la ley.

Si todos piensan igual, entonces alguien o muchos no están pensando. La diferencia en criterios y distintas maneras de ver la vida, son las que permiten que las sociedades avancen. Pretender callar a quien piensa diferente no solo es un acto contrario a la Constitución Política sino a la forma de ser costarricense. El artículo 33 de la Constitución es claro en indicar que todos somos iguales ante la ley y no podrá practicarse discriminación alguna contraria a la dignidad humana. Asimismo, el artículo 28 de la Carta Magna dice que nadie puede ser perseguido ni inquietado por la manifestación de sus opiniones ni por acto alguno que no infrinja la ley.

¿Qué pretende el Comisionado LGTBIQ? ¿Qué solo quienes piensen igual a él puedan manifestarse? Hay una cita que se adjudica al filósofo francés Voltaire pero que en realidad fue su biógrafa británica, Evelyn Beatrice Hall, de quien se sabe que la mencionó por primera vez: “Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho de decirlo”.

Una de las principales características del tirano es que permite que le digan elogios, pero censura la crítica. Una de las principales características del tirano es que permite que se expresen las ideas con las que él está de acuerdo, pero calla a quien piensa distinto. Una de las principales características del tirano es que invoca la ley en su favor, pero calla o ignora por completo la ley cuando se trata de aplicarla en favor de sus contrarios.

No escuchamos al Comisionado alzar la voz cuando ciertos manifestantes en redes sociales y en las calles lanzaron improperios contra los valores conservadores y contra las personas conservadoras. Indudablemente, fueron una minoría, pero el punto aquí es que el Comisionado calló. Una sociedad que se precie de democrática debe permitir al progresista manifestarse, pero también al conservador. Después de todo, es la misma Constitución la que indica que no podrá aplicarse ningún tipo de trato discriminatorio contra la dignidad humana, dignidad tanto de progresistas, pero también de conservadores.

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