Inseguridad ciudadana

Costa Rica está dejando de ser un vergel bello de aromas y flores, para convertirse en una minisucursal de lo que fuera Ciudad Juárez, en México, hace un poco más de media década. Los pleitos entre bandas narco han puesto en vilo a la ciudadanía, pero lo peor de todo es la manera tibia a través de la cual el Ministerio de Seguridad Pública ha actuado, donde, si bien es cierto que las leyes en este país amarran y entorpecen la labor policial, la mala gestión de la policía judicial, fuerza pública y migración, ha llevado a que estas situaciones ocurran con mayor frecuencia.

Mientras que, no se ha aclarado el tema del aparente sobreprecio en los centros de mando móviles recientemente adquiridos por el Ministerio de Seguridad Pública, y se tiene dinero para pagar montos que dan la idea de que están mucho más allá, de lo que en realidad valdría un centro de mando comprado en una tienda en línea, las patrullas y delegaciones de la Fuerza Pública, cada día, van de mal en peor, desgastándose o pudriéndose en los patios de esas delegaciones, y ni qué decir de las condiciones casi infrahumanas en las que tienen a los policías, y la labor de filtro de Migración es ineficiente, al punto que, basta con que un terrorista o delincuente se cambie el nombre de manera que no aparezca en las bases de datos policiales y así ingresa al país.

Hace falta mejorar la labor de inteligencia policial, tanto del OIJ como de la Fuerza Pública y la Polícía de Migración, pues ha quedado claro que varios de los involucrados en los asesinatos, tanto asesinos como asesinados, no eran costarricenses. Nuestro país está abierto a la migración de personas que buscan un mejor futuro y respeten la ley, no así a los delincuentes que son echados de sus países de origen para que vengan a delinquir.

No se trata de xenofobia, pues la historia ha demostrado que los países con mayor cantidad de inmigrantes que buscan un futuro mejor para ellos y sus familias son los países más prósperos, por lo que el cerrar las puertas a la migración sería un acto completamente ilógico, inhumano y falto de sensatez, pero en ese mismo sentido el abrirle la puerta a los delincuentes oriundos de otros países es igual de ilógico, inhumano e insensato.

Con respecto a los delincuentes costarricenses, no los podemos deportar, pero sí los podemos castigar y usarlos como ejemplo para que quien piense ser sicario lo analice dos veces, pues sabrá que no hay impunidad y lo que le espera es la cárcel. ¿Queremos un vergel bello de aromas y flores?

Exijámosle a nuestros gobernantes que gobiernen y nos protejan como habitantes que somos!

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