Hacer el bien y servir a la patria

Cuando dejamos de amar al prójimo y de hacer el bien, la patria se empobrece, porque se pierde el ardor por ser mejores. Se habla mucho de hacer el bien, pero olvidamos el bien de persona a persona.

A veces también nos olvidamos de los demás, a pesar de la facilidad comunicativa de la tecnología actual, o ella misma nos encierra en el individualismo, y ellos, nuestros hermanos, pasan a segundo plano y todos pasamos a ser masa anclada en el anonimato.

No perdamos la pasión de amar, de hacer el bien.  El bien no es –como se dice- ausencia de mal. El bien es también amar, y este se traduce en darse, en entregarse con generosidad y sin condiciones o imposiciones. Este amor pasa por la sencillez de corazón, no basta hablar solo del bien común, sino del uno para el otro, no de palabras vacías.

Por ejemplo, en la familia debe imperar el acuerdo, no el predominio de uno sobre el otro, ni tampoco imperar las opciones sino el respeto de la libertad personal, no el mandato del machismo, que engendra la violencia. En el hogar debe prevalecer la regla de oro de las relaciones humanas, consistente en decir y hacer las cosas con cariño, con amabilidad y respeto. Este viene del latín  respectus, que significa admiración, miramiento. Esta es una virtud que aprenden los hijos en el hogar y pasa a la arena cívica. La vida familiar y cívica debe estar centrada en la referida regla de oro.

Existir arropados en la red de libertades, el respeto, la unión, igualdad y paz, estos ingredientes los resume el pueblo en dos palabras: pura vida. Por fortuna, ni la ciencia ni la tecnología han opacado el predominio de la persona  humana, que sigue ocupando el primer lugar. Por tanto, sigamos este camino con la frente en alto, sabiendo que todos nos necesitamos, y en la esperanza de ser mejores y de servir a la patria.

Estamos a las puertas de la segunda vuelta electoral, que nos brindará la oportunidad de continuar viviendo en democracia, paz, libertad, justicia social y protegidos por un Estado de derecho bastante ejemplar. No vivamos separados. La tradición siempre ha sido estar unidos, siempre amigos. Volvamos al himno nacional.

No abandonemos los valores del espíritu. Repitámoslo nuevamente: hacer el bien y servir a la patria.

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